27 octubre 2009
Pasado y futuro para Andalucía
Angel B. Gómez Puerto
DE vez en cuando, es preciso que hagamos un poco de historia sobre los avatares del pueblo andaluz por dotarse de autonomía política y jurídica. En mi ciudad, Córdoba, en 1919 se desarrolló uno de los hitos importantes de la construcción de la idea de Andalucía. En ese año se adoptó el Manifiesto Andalucista de Córdoba, que describe a Andalucía como realidad nacional, fórmula que precisamente recoge el actual Estatuto de Autonomía. Un año antes del cónclave cordobés se habían aprobado en la Asamblea de Ronda algunos de los símbolos de Andalucía: la bandera verde y blanca, y el escudo.
Unos años más tarde, en la II República se impulsó de nuevo la aspiración política de Andalucía con la constitución de las Juntas Liberalistas de Andalucía, con la decisiva participación de Blas Infante, que aprueban el himno de Andalucía y redactan un proyecto de Estatuto. Lamentablemente, la Guerra Civil y las largas y dolorosas décadas de dictadura franquista interrumpieron ese proceso para la autonomía política de Andalucía. En plena restauración democrática, la histórica manifestación de 4 de diciembre de 1977 en las ocho provincias andaluzas, y el referéndum del 28 de febrero de 1980, vuelven a poner a Andalucía al nivel jurídico y político de Galicia, Euskadi y Cataluña, con plena autonomía acogida al artículo 151 de la Constitución de 1978.
Hace ya dos años y medio, sin pena ni gloria, se aprobó la Ley Orgánica 2/2007, de reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía. El nuevo texto estatutario había sido previamente aprobado en referéndum por el pueblo andaluz, pero con una escasa participación electoral (tan sólo acudió a votar el 18 de febrero de 2007 el 36% de los convocados), y sin la unanimidad del Parlamento de Andalucía de la anterior Legislatura.
Nos encontramos, pues, en el 90º aniversario de la Asamblea de Córdoba, en la que se definió Andalucía como realidad nacional, y quizá podemos constatar un escaso entusiasmo social y político por Andalucía. Las fuerzas políticas andaluzas miran más a Madrid que a las comarcas y municipios de Andalucía. Desde esta tribuna propongo, como he hecho alguna vez en el espacio de pensamiento político andaluz Paralelo 36 Andalucía, una serie de medidas de impulso y reforzamiento democrático para nuestra tierra. Quizá la básica, que cada vez va tomando más entidad, es que el pueblo andaluz ha de ser llamado a las urnas de forma autónoma, para ejercer su soberanía de forma independiente, eligiendo a sus representantes en el Parlamento Andaluz sin ser interferido por debates políticos nacionales o europeos. En Andalucía sería muy conveniente más riqueza y variedad democrática. La ciudadanía andaluza es mucho más participativa y esto ha de reflejarse también en los espacios políticos. Para este crucial objetivo democrático, el espacio de pensamiento Paralelo 36 Andalucía está desempeñando ya un papel catalizador de pensamiento y propuesta de acción.
En nuestra tierra se han de poner en valor sus valores medio ambientales, como uno de sus elementos diferenciadores, y como uno de los contenidos esenciales y limitadores de nuestro modelo de desarrollo económico territorial. Nunca más desastres urbanísticos, no sólo en la Costa del Sol (quizá la más conocida por el caso de Marbella), sino también en el interior (en Córdoba tenemos un grave fenómeno de parcelaciones y grandes construcciones ilegales en la zona de sierra, e incluso junto a Medina Azahara que ahora se intenta controlar por la Junta de Andalucía).
Andalucía necesita una ciudadanía más formada y más consciente de nuestras propias posibilidades, más comprometida con el desarrollo democrático profundo de nuestro sistema institucional (recordemos la escasa participación electoral para el nuevo Estatuto), más exigente con el ejercicio de las altas responsabilidades de nuestros representantes parlamentarios, para que de verdad practiquemos el ejercicio democrático de manera permanente.
En la organización de competencias, Andalucía tendría que caminar hacia el desarrollo del poder local, con más competencias y recursos para nuestros ayuntamientos, y menos poder centralizado en las instituciones autonómicas. La razón es clara: es la administración más cercana al ciudadano y la que atiende en primera instancia cada vez más problemas.
Y respecto al Estado, Andalucía es la Comunidad Autónoma más poblada, con el 18% del total de la población del conjunto del Estado, razón objetiva para ser grande también en la definición de las grandes políticas nacionales. Ha de ejercer esta mayoría en población también en el sistema institucional. Es la Comunidad Autónoma que aporta más representantes en la conformación de la soberanía nacional. Nuestros 61 representantes en el Congreso de los Diputados debieran hablar de Andalucía con mayúsculas en Madrid, para poner nuestras necesidades y nuestras aspiraciones en la agenda del Estado. Falta nos hace.
Unos años más tarde, en la II República se impulsó de nuevo la aspiración política de Andalucía con la constitución de las Juntas Liberalistas de Andalucía, con la decisiva participación de Blas Infante, que aprueban el himno de Andalucía y redactan un proyecto de Estatuto. Lamentablemente, la Guerra Civil y las largas y dolorosas décadas de dictadura franquista interrumpieron ese proceso para la autonomía política de Andalucía. En plena restauración democrática, la histórica manifestación de 4 de diciembre de 1977 en las ocho provincias andaluzas, y el referéndum del 28 de febrero de 1980, vuelven a poner a Andalucía al nivel jurídico y político de Galicia, Euskadi y Cataluña, con plena autonomía acogida al artículo 151 de la Constitución de 1978.
Hace ya dos años y medio, sin pena ni gloria, se aprobó la Ley Orgánica 2/2007, de reforma del Estatuto de Autonomía para Andalucía. El nuevo texto estatutario había sido previamente aprobado en referéndum por el pueblo andaluz, pero con una escasa participación electoral (tan sólo acudió a votar el 18 de febrero de 2007 el 36% de los convocados), y sin la unanimidad del Parlamento de Andalucía de la anterior Legislatura.
Nos encontramos, pues, en el 90º aniversario de la Asamblea de Córdoba, en la que se definió Andalucía como realidad nacional, y quizá podemos constatar un escaso entusiasmo social y político por Andalucía. Las fuerzas políticas andaluzas miran más a Madrid que a las comarcas y municipios de Andalucía. Desde esta tribuna propongo, como he hecho alguna vez en el espacio de pensamiento político andaluz Paralelo 36 Andalucía, una serie de medidas de impulso y reforzamiento democrático para nuestra tierra. Quizá la básica, que cada vez va tomando más entidad, es que el pueblo andaluz ha de ser llamado a las urnas de forma autónoma, para ejercer su soberanía de forma independiente, eligiendo a sus representantes en el Parlamento Andaluz sin ser interferido por debates políticos nacionales o europeos. En Andalucía sería muy conveniente más riqueza y variedad democrática. La ciudadanía andaluza es mucho más participativa y esto ha de reflejarse también en los espacios políticos. Para este crucial objetivo democrático, el espacio de pensamiento Paralelo 36 Andalucía está desempeñando ya un papel catalizador de pensamiento y propuesta de acción.
En nuestra tierra se han de poner en valor sus valores medio ambientales, como uno de sus elementos diferenciadores, y como uno de los contenidos esenciales y limitadores de nuestro modelo de desarrollo económico territorial. Nunca más desastres urbanísticos, no sólo en la Costa del Sol (quizá la más conocida por el caso de Marbella), sino también en el interior (en Córdoba tenemos un grave fenómeno de parcelaciones y grandes construcciones ilegales en la zona de sierra, e incluso junto a Medina Azahara que ahora se intenta controlar por la Junta de Andalucía).
Andalucía necesita una ciudadanía más formada y más consciente de nuestras propias posibilidades, más comprometida con el desarrollo democrático profundo de nuestro sistema institucional (recordemos la escasa participación electoral para el nuevo Estatuto), más exigente con el ejercicio de las altas responsabilidades de nuestros representantes parlamentarios, para que de verdad practiquemos el ejercicio democrático de manera permanente.
En la organización de competencias, Andalucía tendría que caminar hacia el desarrollo del poder local, con más competencias y recursos para nuestros ayuntamientos, y menos poder centralizado en las instituciones autonómicas. La razón es clara: es la administración más cercana al ciudadano y la que atiende en primera instancia cada vez más problemas.
Y respecto al Estado, Andalucía es la Comunidad Autónoma más poblada, con el 18% del total de la población del conjunto del Estado, razón objetiva para ser grande también en la definición de las grandes políticas nacionales. Ha de ejercer esta mayoría en población también en el sistema institucional. Es la Comunidad Autónoma que aporta más representantes en la conformación de la soberanía nacional. Nuestros 61 representantes en el Congreso de los Diputados debieran hablar de Andalucía con mayúsculas en Madrid, para poner nuestras necesidades y nuestras aspiraciones en la agenda del Estado. Falta nos hace.
23 octubre 2009
La tasa se mantiene en el 17,9% aunque se sigue destruyendo empleo
La temporada turística y los coletazos del plan de pequeñas obras en los ayuntamientos han permitido un leve descenso del paro en el tercer trimestre del año del 0,3%, lo que equivale a 14.100 desempleados menos que a cierre de junio y reduce el total de parados a 4.123.300 personas.
La destrucción de empleo continúa, como demuestra la caída de la población ocupada en 74.800 personas en el tercer trimestre. Siguiendo con los perfiles de la encuesta, es destacable que el paro solo baja en el tercer trimestre entre las mujeres y los extranjeros, mientras se mantiene casi igual entre los varones. Y dos datos para la reflexión: la contratación solo aumenta en los temporales (74.500) al tiempo que descienden en 161.200 entre los indefinidos.
4.249.200 hogares en los que no hay ningún activo
El número de hogares donde todos sus miembros están en paro ascendió a 1.136.500 en el tercer trimestre lo que supone 498.400 más con respecto al mismo periodo del año pasado y un aumento del 78,11%.
Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), entre julio y septiembre el número de hogares con todos sus miembros en paro aumentó en 18.200 con respecto al trimestre anterior, el 1,63% más.
Además, los hogares donde todos sus miembros están ocupados ascendió a 9.537.400, 946.400 menos que hace un año (un descenso del 9,03%), aunque con respecto al trimestre precedente aumentaron en 17.900 (el 0,19%).
El total de hogares con al menos una persona activa se situó en 12.866.700, 163.300 más que hace un año (el 1,29%) y 22.600 menos que en el trimestre anterior (una disminución del 0,18%).
Según la EPA, en el tercer trimestre hubo 4.249.200 hogares en los que no había ningún activo, lo que supone 147.700 más que en el mismo periodo de 2008 (un aumento del 3,6%) y 86.600 más que entre abril y junio (el 2,08%).
El total de hogares registrados asciende a 17.115.900 (311.000 más que hace un año y 64.100 más con respecto al trimestre anterior).
Encuesta de Población Activa (EPA). Tercer trimestre 2009 La destrucción de empleo continúa, como demuestra la caída de la población ocupada en 74.800 personas en el tercer trimestre. Siguiendo con los perfiles de la encuesta, es destacable que el paro solo baja en el tercer trimestre entre las mujeres y los extranjeros, mientras se mantiene casi igual entre los varones. Y dos datos para la reflexión: la contratación solo aumenta en los temporales (74.500) al tiempo que descienden en 161.200 entre los indefinidos.
4.249.200 hogares en los que no hay ningún activo
El número de hogares donde todos sus miembros están en paro ascendió a 1.136.500 en el tercer trimestre lo que supone 498.400 más con respecto al mismo periodo del año pasado y un aumento del 78,11%.
Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), entre julio y septiembre el número de hogares con todos sus miembros en paro aumentó en 18.200 con respecto al trimestre anterior, el 1,63% más.
Además, los hogares donde todos sus miembros están ocupados ascendió a 9.537.400, 946.400 menos que hace un año (un descenso del 9,03%), aunque con respecto al trimestre precedente aumentaron en 17.900 (el 0,19%).
El total de hogares con al menos una persona activa se situó en 12.866.700, 163.300 más que hace un año (el 1,29%) y 22.600 menos que en el trimestre anterior (una disminución del 0,18%).
Según la EPA, en el tercer trimestre hubo 4.249.200 hogares en los que no había ningún activo, lo que supone 147.700 más que en el mismo periodo de 2008 (un aumento del 3,6%) y 86.600 más que entre abril y junio (el 2,08%).
El total de hogares registrados asciende a 17.115.900 (311.000 más que hace un año y 64.100 más con respecto al trimestre anterior).
22 octubre 2009
10.000 latidos para el corazón de Andalucía

Antonio Manuel
No quiero que piensen: quiero que sientan. En un lugar de Nueva Zelanda, desconozco exactamente cuál, las luciérnagas parpadean caóticamente durante unos minutos al atardecer. Pero a medida que el paisaje se emboza de sombras, sus luces se acompasan hasta terminar iluminándolo todo intermitentemente. A la vez. Como los rótulos de un teatro de variedades. No hay un líder que las coordine. Ni un referente. Hasta hace bien poco se desconocían por completo las razones que empujaban a seres desprovistos de cerebro a esta tendencia natural a la uniformidad organizativa y a la belleza. Ahora se intuye una: actúan como el corazón.
La neurología moderna ha descubierto que el tejido nervioso del corazón interactúa de manera autónoma del cerebro. No recibe órdenes de él. Tampoco de ningún otro órgano. Ni de ninguna célula privilegiada. Las células musculares del corazón se comunican entre sí por impulsos nerviosos uniformes, como las luciérnagas de Nueva Zelanda, hasta que provocan un movimiento único, potente, vital, que inunda de oxígeno la sangre y la libera de mierda. Por eso las muertes accidentales y periódicas de algunas células cardíacas en la trinchera, no paralizan la máquina. Todas son una, aunque algunas falten. La clave se encuentra en la generación de este impulso eléctrico que las mueve a latir para siempre. Justo lo que falta en los millonésimos intentos de movilización social y política en Andalucía. En unos casos, porque se siguió descaradamente los movimientos de un líder. Y faltando éste, sólo queda parálisis. En otros, porque la acción se dispersa de una manera estúpida, ingrata. No hay peor enfermedad humana que el ego. Ni siquiera el egoísmo. Basta con anteponer a una causa común el yo y de los intereses excluyentes del colectivo al que pertenezca. Así es imposible construir un espacio único porque los impulsos se cortocircuitan por el bolsillo o por la animadversión personal o por el prejuicio o por la gilipollez mesiánica de creer que cada uno es el salvador de la patria. Al final habrá mil microespacios. Mil casas. Y aunque las puertas de cada una estén abiertas de par en par, unos no entrarán a la del vecino. Y otros lo harán para hacerla suya. Y otros saldrán porque éstos entraron. Y mientras, la casa común se morirá de pena. Vacía. Sin alma.
Andalucía es una combinación natural de orden y caos. Un fractal geométricamente imperfecto. Una identidad colectiva, líquida y caleidoscópica, que sólo brilla como las luciérnagas y late como el corazón. Mientras un impulso emocional no vincule el alma de los andaluces, nuestras luces apenas nos iluminarán los zapatos y seguiremos sobreviviendo en permanente infarto. No creo en el líder. Pero tampoco en la pasividad crítica de la muchedumbre. Hace falta acción. Sin duda. Amparada en una ideología acertada y contemporánea como la defensa de la diversidad cultural, ecológica, social y política en una sociedad globalizada, cada vez más compleja, rizomática, que ha mandado a los anticuarios políticos conceptos como el mismísimo nacionalismo o la izquierda. O el partido. Andalucía es cuántica. Diversa y uniforme. Visceral y sumisa. Y nada será capaz de activarla con vigor político sino se tiene en cuenta su manera auténtica de pensar y actuar. La pre-ideología. Esa que dice que para cambiar a los demás tienes que empezar por cambiarte a ti mismo. Esa que dice que el resultado no está en función de los medios sino a la inversa: actúa como si el resultado existiera y no sólo tú creerás que existe, sino que amanecerán de repente los medios para que todos así lo crean.
La crisis está machacando sin piedad a la marca socialista. La corrupción hace lo propio con la marca de la derecha. Y en medio, un espacio político sin traducción electoral. Una casa abierta. Vacía. Sin alma. No me cabe la menor duda, de que una crisis económica personal y familiar no te empuja a entrar a una casa identitaria sino a la del vecino de tu derecha o de tu izquierda. Quedémonos con el último. La izquierda es el espacio político en auge. Y ése es el espacio que electoralmente ocupa en Andalucía un dinosaurio partidista, de soberanía decisoria anclada en Madrid, con una militancia cada vez más reducida, dividida, pasiva, muerta. En la manifestación del 4 de octubre no estuvo la facción oficialista de esa marca que okupa el espacio político de la izquierda inamovible en esta Andalucía parada. Pero la ley electoral la seguirá perpetuando. Y con ella, desgraciadamente, el régimen político “socialista” andaluz. La única alternativa electoral eficiente pasa porque la acción, acompañada de una ideología nueva y coherente, ocupe de manera natural esos espacios por identificación emocional con quien los reivindica. Y eso, aceptémoslo, no está ocurriendo. Y mucho me temo que no va a pasar.
De manera que exijo a cada uno de los que me estén leyendo que se metan el puño en el pecho y sientan. Y que me digan con sinceridad si creen que nuestros partidos políticos, empezando por los que dirigen miembros de Paralelo 36, están actuando conforme a lo que deseamos y vaticinamos. Les pondré un ejemplo. Me llegan mensajes de facebook para que luzca la bandera de Andalucía el 4 de diciembre. Siempre lo hago. Y lo haré esta vez. Pero no lo harán cientos de miles de andaluces porque les falta el impulso eléctrico que los mueva a sentir unánimemente. Falta un impulso de identificación política con trascendencia real. Falta el atrevimiento de una fuerza que asuma la responsabilidad de llevar esa misma bandera que han puesto en el balcón al mismísimo Parlamento de Andalucía. Los gestos sin traducción política son puro maquillaje que se pasa con el tiempo. Y hoy esas mismas banderas son las que ondean en los mítines del Partido Popular. Las mismas banderas que no llevó el sector mayoritario de los cada vez más escasos militantes de Izquierda Unida. Esa es la verdad.
Igual que ha hecho con la candidatura del flamenco como patrimonio inmaterial de la humanidad, estoy convencido que el PSOE convocará elecciones propias para Andalucía. Es consciente del desgaste de credibilidad que le supondría vincularlas de nuevo a las generales. Especialmente, porque su enemigo político, a unas décimas en las encuestas, ha sido el que mejor ha rentabilizado el movimiento ciudadano que sacó de la invisibilidad el atropello político de las elecciones conjuntas en Andalucía. Quiero decir con ello, que aunque un millón de andaluces coincidan en sus impulsos emocionales, aunque provoquen el latido más inmenso conocido en los últimos años, nada se moverá sino corre sangre por las venas de Andalucía. Esa sangre somos nosotros. Cada uno de nosotros. Y la democracia digital es genial para provocar una revolución en las cabezas pero no en la calle. Me basta con 10.000 andaluces que se atrevan a levantar una misma causa. Que se atrevan a recoger firmas para pedir elecciones propias en el Parlamento. O para presentar mociones en sus Ayuntamientos que eleven el 4 de diciembre a la categoría institucional del día del pueblo andaluz. Ese pueblo que luce pero no brilla. Que late pero muere.
Vía: Paralelo 36
No quiero que piensen: quiero que sientan. En un lugar de Nueva Zelanda, desconozco exactamente cuál, las luciérnagas parpadean caóticamente durante unos minutos al atardecer. Pero a medida que el paisaje se emboza de sombras, sus luces se acompasan hasta terminar iluminándolo todo intermitentemente. A la vez. Como los rótulos de un teatro de variedades. No hay un líder que las coordine. Ni un referente. Hasta hace bien poco se desconocían por completo las razones que empujaban a seres desprovistos de cerebro a esta tendencia natural a la uniformidad organizativa y a la belleza. Ahora se intuye una: actúan como el corazón.
La neurología moderna ha descubierto que el tejido nervioso del corazón interactúa de manera autónoma del cerebro. No recibe órdenes de él. Tampoco de ningún otro órgano. Ni de ninguna célula privilegiada. Las células musculares del corazón se comunican entre sí por impulsos nerviosos uniformes, como las luciérnagas de Nueva Zelanda, hasta que provocan un movimiento único, potente, vital, que inunda de oxígeno la sangre y la libera de mierda. Por eso las muertes accidentales y periódicas de algunas células cardíacas en la trinchera, no paralizan la máquina. Todas son una, aunque algunas falten. La clave se encuentra en la generación de este impulso eléctrico que las mueve a latir para siempre. Justo lo que falta en los millonésimos intentos de movilización social y política en Andalucía. En unos casos, porque se siguió descaradamente los movimientos de un líder. Y faltando éste, sólo queda parálisis. En otros, porque la acción se dispersa de una manera estúpida, ingrata. No hay peor enfermedad humana que el ego. Ni siquiera el egoísmo. Basta con anteponer a una causa común el yo y de los intereses excluyentes del colectivo al que pertenezca. Así es imposible construir un espacio único porque los impulsos se cortocircuitan por el bolsillo o por la animadversión personal o por el prejuicio o por la gilipollez mesiánica de creer que cada uno es el salvador de la patria. Al final habrá mil microespacios. Mil casas. Y aunque las puertas de cada una estén abiertas de par en par, unos no entrarán a la del vecino. Y otros lo harán para hacerla suya. Y otros saldrán porque éstos entraron. Y mientras, la casa común se morirá de pena. Vacía. Sin alma.
Andalucía es una combinación natural de orden y caos. Un fractal geométricamente imperfecto. Una identidad colectiva, líquida y caleidoscópica, que sólo brilla como las luciérnagas y late como el corazón. Mientras un impulso emocional no vincule el alma de los andaluces, nuestras luces apenas nos iluminarán los zapatos y seguiremos sobreviviendo en permanente infarto. No creo en el líder. Pero tampoco en la pasividad crítica de la muchedumbre. Hace falta acción. Sin duda. Amparada en una ideología acertada y contemporánea como la defensa de la diversidad cultural, ecológica, social y política en una sociedad globalizada, cada vez más compleja, rizomática, que ha mandado a los anticuarios políticos conceptos como el mismísimo nacionalismo o la izquierda. O el partido. Andalucía es cuántica. Diversa y uniforme. Visceral y sumisa. Y nada será capaz de activarla con vigor político sino se tiene en cuenta su manera auténtica de pensar y actuar. La pre-ideología. Esa que dice que para cambiar a los demás tienes que empezar por cambiarte a ti mismo. Esa que dice que el resultado no está en función de los medios sino a la inversa: actúa como si el resultado existiera y no sólo tú creerás que existe, sino que amanecerán de repente los medios para que todos así lo crean.
La crisis está machacando sin piedad a la marca socialista. La corrupción hace lo propio con la marca de la derecha. Y en medio, un espacio político sin traducción electoral. Una casa abierta. Vacía. Sin alma. No me cabe la menor duda, de que una crisis económica personal y familiar no te empuja a entrar a una casa identitaria sino a la del vecino de tu derecha o de tu izquierda. Quedémonos con el último. La izquierda es el espacio político en auge. Y ése es el espacio que electoralmente ocupa en Andalucía un dinosaurio partidista, de soberanía decisoria anclada en Madrid, con una militancia cada vez más reducida, dividida, pasiva, muerta. En la manifestación del 4 de octubre no estuvo la facción oficialista de esa marca que okupa el espacio político de la izquierda inamovible en esta Andalucía parada. Pero la ley electoral la seguirá perpetuando. Y con ella, desgraciadamente, el régimen político “socialista” andaluz. La única alternativa electoral eficiente pasa porque la acción, acompañada de una ideología nueva y coherente, ocupe de manera natural esos espacios por identificación emocional con quien los reivindica. Y eso, aceptémoslo, no está ocurriendo. Y mucho me temo que no va a pasar.
De manera que exijo a cada uno de los que me estén leyendo que se metan el puño en el pecho y sientan. Y que me digan con sinceridad si creen que nuestros partidos políticos, empezando por los que dirigen miembros de Paralelo 36, están actuando conforme a lo que deseamos y vaticinamos. Les pondré un ejemplo. Me llegan mensajes de facebook para que luzca la bandera de Andalucía el 4 de diciembre. Siempre lo hago. Y lo haré esta vez. Pero no lo harán cientos de miles de andaluces porque les falta el impulso eléctrico que los mueva a sentir unánimemente. Falta un impulso de identificación política con trascendencia real. Falta el atrevimiento de una fuerza que asuma la responsabilidad de llevar esa misma bandera que han puesto en el balcón al mismísimo Parlamento de Andalucía. Los gestos sin traducción política son puro maquillaje que se pasa con el tiempo. Y hoy esas mismas banderas son las que ondean en los mítines del Partido Popular. Las mismas banderas que no llevó el sector mayoritario de los cada vez más escasos militantes de Izquierda Unida. Esa es la verdad.
Igual que ha hecho con la candidatura del flamenco como patrimonio inmaterial de la humanidad, estoy convencido que el PSOE convocará elecciones propias para Andalucía. Es consciente del desgaste de credibilidad que le supondría vincularlas de nuevo a las generales. Especialmente, porque su enemigo político, a unas décimas en las encuestas, ha sido el que mejor ha rentabilizado el movimiento ciudadano que sacó de la invisibilidad el atropello político de las elecciones conjuntas en Andalucía. Quiero decir con ello, que aunque un millón de andaluces coincidan en sus impulsos emocionales, aunque provoquen el latido más inmenso conocido en los últimos años, nada se moverá sino corre sangre por las venas de Andalucía. Esa sangre somos nosotros. Cada uno de nosotros. Y la democracia digital es genial para provocar una revolución en las cabezas pero no en la calle. Me basta con 10.000 andaluces que se atrevan a levantar una misma causa. Que se atrevan a recoger firmas para pedir elecciones propias en el Parlamento. O para presentar mociones en sus Ayuntamientos que eleven el 4 de diciembre a la categoría institucional del día del pueblo andaluz. Ese pueblo que luce pero no brilla. Que late pero muere.
Vía: Paralelo 36
18 octubre 2009
Desmitifiquemos el nacionalismo andaluz

Tomás G. Forero y Manuel Ruiz Romero
HAN transcurrido más de treinta años desde el día en que una generación de andaluces se manifestaba ilusionada en solicitud de autonomía. De entonces acá, aquel sentir ha ido decayendo en todos los sentidos: social, político, económico y cultural, hasta llegar a la debacle sufrida por el andalucismo político en las últimas elecciones, sólo comparable a la de aquel partido español de la Transición que se enfrentó a nuestros anhelos como para desaparecer de la escena política.
Hemos podido ver cómo las Cortes Españolas aprobaban un Estatuto para Andalucía sobre el que dieron su opinión políticos nacionalistas catalanes, gallegos, canarios, aragoneses, vascos, etc., pero ninguno andaluz. Ahora, comprobamos cómo las leyes del Parlamento andaluz se aprueban con el único concurso de organizaciones políticas cuya inspiración, dirección e intereses se encuentran fuera de nuestra tierra. Es más, sufrimos una desactivación sistemática e intencionada, dirigida desde el poder, contra todo lo que signifique sentimiento andaluz. Situación de la que -unos por acción, otros por omisión- todos los que nos consideramos andaluces debemos sentirnos responsables.
Ello nos lleva a que Andalucía continúe en el mismo lugar desde hace décadas, con los peores índices económicos, sociales y educativos de Europa. Muchos andaluces nos preguntamos qué podemos hacer y únicamente encontramos dos caminos: mantenernos en nuestras casas -y cosas- con estoica sumisión o levantar nuestras frentes con dignidad. Sin embargo, para nada nos interesa resignarnos: es necesaria nuestra pervivencia como pueblo en un mundo globalizado. Lo cual nos exige conocer nuestro pasado, sentir nuestro presente y ser dueños de nuestro futuro.
Sin embargo, vivimos una realidad muy diferente. Podemos comprobar cómo nos niegan nuestra identidad, somos meros espectadores del presente y el futuro, cada vez más difícil de nuestros hijos, está diseñado por intereses extraños y ajenos.
Tenemos que reaccionar. Y, para ello, es preciso revivir una aspiración colectiva, nueva y distinta, aprendiendo de errores pretéritos. No podemos fundar una institución que mimetice y copie los vicios y distancias de las organizaciones y entidades tradicionales. Si, para resurgir, Andalucía necesita un esfuerzo especial, ha de ser un proyecto que beba del sentir, la idiosincrasia, la cultura y el ser de Andalucía. Y nunca, nunca, puede tratarse de una acción exclusivamente política.
Por todo ello, entendemos como imprescindible renunciar al pasado y unir los esfuerzos de cada uno de nosotros en una voluntad común, trabajando por la identidad, el progreso y el desarrollo de Andalucía. Un movimiento alternativo donde podamos debatir proyectos, aportar ideas y buscar soluciones que puedan transmitirse luego a la sociedad andaluza. Un esfuerzo compartido que actúe, dinamice y promueva la puesta en marcha de un sentir en el pueblo andaluz, que cambie la atonía actual por la ilusión en la lucha por un futuro diferente.
Un proyecto que signifique, al fin, esa organización, digna, coherente, generosa, seria y honrada que el pueblo andaluz se merece y lleva demandando desde hace muchos años por encima de siglas.
Como ya nos advirtiera Blas Infante, "sabemos que el camino es largo, lleno de incomprensión y dificultades", pero también sabemos que "a cada hombre que le hagamos llegar a conocer la historia de Andalucía, la personalidad de sus gentes, la manera de ser y de entender la vida y la forma, sobre todo, de expresarla y desarrollarla, será una piedra firme de ese edificio que entre todos los andaluces, sin política falsa, sino con actuación legítima del querer hacia el pueblo, tenemos que levantar limpiamente".
Una generación ha pasado sin que el andalucismo político tradicional haya sabido mostrarse ante el pueblo andaluz como el garante de sus anhelos e intereses. Ha llegado la hora del relevo, pero sin que nadie dé un paso atrás. Este pueblo necesita ahora más que nunca una fuerza propia que le represente y defienda.
Si queremos ser un pueblo, si aspiramos a tener futuro, no podemos quedarnos sin voz. Porque si el nacionalismo andaluz no avanza, el autogobierno del pueblo andaluz retrocede. Ha muerto el andalucismo profesional, es la hora del andalucismo de conciencia. Porque el ideal andaluz, o se fundamenta en el humanismo ancestral de los andaluces o nunca será nada.
Mienten quienes dicen que este pueblo no confía en sí mismo y es incapaz de autogobernarse. Sólo cuando de verdad se le muestre un proyecto político nacionalista serio para Andalucía, sólo entonces, podremos saber si el pueblo andaluz sabrá responder.
HAN transcurrido más de treinta años desde el día en que una generación de andaluces se manifestaba ilusionada en solicitud de autonomía. De entonces acá, aquel sentir ha ido decayendo en todos los sentidos: social, político, económico y cultural, hasta llegar a la debacle sufrida por el andalucismo político en las últimas elecciones, sólo comparable a la de aquel partido español de la Transición que se enfrentó a nuestros anhelos como para desaparecer de la escena política.
Hemos podido ver cómo las Cortes Españolas aprobaban un Estatuto para Andalucía sobre el que dieron su opinión políticos nacionalistas catalanes, gallegos, canarios, aragoneses, vascos, etc., pero ninguno andaluz. Ahora, comprobamos cómo las leyes del Parlamento andaluz se aprueban con el único concurso de organizaciones políticas cuya inspiración, dirección e intereses se encuentran fuera de nuestra tierra. Es más, sufrimos una desactivación sistemática e intencionada, dirigida desde el poder, contra todo lo que signifique sentimiento andaluz. Situación de la que -unos por acción, otros por omisión- todos los que nos consideramos andaluces debemos sentirnos responsables.
Ello nos lleva a que Andalucía continúe en el mismo lugar desde hace décadas, con los peores índices económicos, sociales y educativos de Europa. Muchos andaluces nos preguntamos qué podemos hacer y únicamente encontramos dos caminos: mantenernos en nuestras casas -y cosas- con estoica sumisión o levantar nuestras frentes con dignidad. Sin embargo, para nada nos interesa resignarnos: es necesaria nuestra pervivencia como pueblo en un mundo globalizado. Lo cual nos exige conocer nuestro pasado, sentir nuestro presente y ser dueños de nuestro futuro.
Sin embargo, vivimos una realidad muy diferente. Podemos comprobar cómo nos niegan nuestra identidad, somos meros espectadores del presente y el futuro, cada vez más difícil de nuestros hijos, está diseñado por intereses extraños y ajenos.
Tenemos que reaccionar. Y, para ello, es preciso revivir una aspiración colectiva, nueva y distinta, aprendiendo de errores pretéritos. No podemos fundar una institución que mimetice y copie los vicios y distancias de las organizaciones y entidades tradicionales. Si, para resurgir, Andalucía necesita un esfuerzo especial, ha de ser un proyecto que beba del sentir, la idiosincrasia, la cultura y el ser de Andalucía. Y nunca, nunca, puede tratarse de una acción exclusivamente política.
Por todo ello, entendemos como imprescindible renunciar al pasado y unir los esfuerzos de cada uno de nosotros en una voluntad común, trabajando por la identidad, el progreso y el desarrollo de Andalucía. Un movimiento alternativo donde podamos debatir proyectos, aportar ideas y buscar soluciones que puedan transmitirse luego a la sociedad andaluza. Un esfuerzo compartido que actúe, dinamice y promueva la puesta en marcha de un sentir en el pueblo andaluz, que cambie la atonía actual por la ilusión en la lucha por un futuro diferente.
Un proyecto que signifique, al fin, esa organización, digna, coherente, generosa, seria y honrada que el pueblo andaluz se merece y lleva demandando desde hace muchos años por encima de siglas.
Como ya nos advirtiera Blas Infante, "sabemos que el camino es largo, lleno de incomprensión y dificultades", pero también sabemos que "a cada hombre que le hagamos llegar a conocer la historia de Andalucía, la personalidad de sus gentes, la manera de ser y de entender la vida y la forma, sobre todo, de expresarla y desarrollarla, será una piedra firme de ese edificio que entre todos los andaluces, sin política falsa, sino con actuación legítima del querer hacia el pueblo, tenemos que levantar limpiamente".
Una generación ha pasado sin que el andalucismo político tradicional haya sabido mostrarse ante el pueblo andaluz como el garante de sus anhelos e intereses. Ha llegado la hora del relevo, pero sin que nadie dé un paso atrás. Este pueblo necesita ahora más que nunca una fuerza propia que le represente y defienda.
Si queremos ser un pueblo, si aspiramos a tener futuro, no podemos quedarnos sin voz. Porque si el nacionalismo andaluz no avanza, el autogobierno del pueblo andaluz retrocede. Ha muerto el andalucismo profesional, es la hora del andalucismo de conciencia. Porque el ideal andaluz, o se fundamenta en el humanismo ancestral de los andaluces o nunca será nada.
Mienten quienes dicen que este pueblo no confía en sí mismo y es incapaz de autogobernarse. Sólo cuando de verdad se le muestre un proyecto político nacionalista serio para Andalucía, sólo entonces, podremos saber si el pueblo andaluz sabrá responder.
09 octubre 2009
Poder andaluz
4 OCT - Poder Andaluz from PAlalinea on Vimeo.
4-OCT Sevilla: Diecinueve (19) organizaciones sociales y sindicales, SAT, SOAC, CNT, CTA, SU, Ustea, CGT, 'En Lucha', 'Corriente Roja', Jaleo, PA, PSA, UCAR, NA, Ecologistas en Acción, Foro Social de Sevilla, BNA, CUT-BAI e IU provincial de Sevilla
08 octubre 2009
El acostumbramiento

políticamente incorrecto
FRANCISCO REVUELTA
UNA de las características del ser humano es su capacidad para acostumbrarse, además de a lo bueno, a lo que es malo. En cierto modo esto presenta sus ventajas, pero asimismo sus inconvenientes, según el caso. Es verdad que hay personas que no logran superar algunos problemas y que en ello les va la vida, pero también es cierto que son muchas las que ante lo negativo se acostumbran y dejan de tomar cualquier iniciativa para cambiar la situación, cayendo en una pasividad que les proporciona una reducción o eliminación de sus preocupaciones y disgustos, lo cual puede entenderse cuando las circunstancias son inmodificables. Sin embargo, en general, las cosas no son así, pues suelen ser de grado. Además, en las cuales es posible influir desde un poco hasta mucho o muchísimo, dependiendo del momento o lugar. Aplicado esto al mundo de la política, habría que decir que en la actualidad una buena parte de la sociedad ha caído en un estado de acostumbramiento de un elevado número de sucesos rechazables por los que -aunque los catalogue como tales- no se moviliza ni se altera al asumirlos como propios de la política y de la clase que en ella habita.
Es raro encontrarse con algún mes siquiera que no tenga por medio un caso de corrupción o de prácticas irregulares -investigándose o en proceso judicial-, de transfuguismo vergonzoso y similares, de tal forma tales fenómenos se han asumido como formando parte del paisaje político; en definitiva, como algo natural, que acapara las noticias pero que provoca casi la misma reacción que las informaciones meteorológicas. Pero el problema de esa pasividad es que es, precisamente, el tipo de alimento que necesitan para sobrevivir, para que no desaparezcan todos esos acontecimientos. En el momento inicial, los partidos políticos se inquietan, se preguntan acerca de la incidencia en los votantes. Pero eso no les dura mucho, pues estiman que siempre hay fórmulas para recuperarse, a través de favores, de compras de votos y de mil triquiñuelas, y porque saben de ese pasar, de ese acostumbramiento que acalla y amordaza sutilmente. Ahora es el tiempo de Gürtel, de Astapa, de Benidorm… Mañana ya vendrán los que los sustituirán, pero en esencia con los mismos guiones, a no ser que la ciudadanía vuelva a tomar conciencia de las armas democráticas que tiene en sus manos con el voto, la participación y el uso de la libertad de expresión, castigando comportamientos, estilos y actitudes, porque sólo así es posible un cambio en el panorama. No esperemos mucho de los partidos si no los azuzamos, si no les hacemos ver que no somos súbditos ni borregos, que tenemos criterio y que discernimos entre el bien y el mal, lo prudente y lo imprudente y la espiga y la paja. ¿Es mucho pedir?
FRANCISCO REVUELTA
UNA de las características del ser humano es su capacidad para acostumbrarse, además de a lo bueno, a lo que es malo. En cierto modo esto presenta sus ventajas, pero asimismo sus inconvenientes, según el caso. Es verdad que hay personas que no logran superar algunos problemas y que en ello les va la vida, pero también es cierto que son muchas las que ante lo negativo se acostumbran y dejan de tomar cualquier iniciativa para cambiar la situación, cayendo en una pasividad que les proporciona una reducción o eliminación de sus preocupaciones y disgustos, lo cual puede entenderse cuando las circunstancias son inmodificables. Sin embargo, en general, las cosas no son así, pues suelen ser de grado. Además, en las cuales es posible influir desde un poco hasta mucho o muchísimo, dependiendo del momento o lugar. Aplicado esto al mundo de la política, habría que decir que en la actualidad una buena parte de la sociedad ha caído en un estado de acostumbramiento de un elevado número de sucesos rechazables por los que -aunque los catalogue como tales- no se moviliza ni se altera al asumirlos como propios de la política y de la clase que en ella habita.
Es raro encontrarse con algún mes siquiera que no tenga por medio un caso de corrupción o de prácticas irregulares -investigándose o en proceso judicial-, de transfuguismo vergonzoso y similares, de tal forma tales fenómenos se han asumido como formando parte del paisaje político; en definitiva, como algo natural, que acapara las noticias pero que provoca casi la misma reacción que las informaciones meteorológicas. Pero el problema de esa pasividad es que es, precisamente, el tipo de alimento que necesitan para sobrevivir, para que no desaparezcan todos esos acontecimientos. En el momento inicial, los partidos políticos se inquietan, se preguntan acerca de la incidencia en los votantes. Pero eso no les dura mucho, pues estiman que siempre hay fórmulas para recuperarse, a través de favores, de compras de votos y de mil triquiñuelas, y porque saben de ese pasar, de ese acostumbramiento que acalla y amordaza sutilmente. Ahora es el tiempo de Gürtel, de Astapa, de Benidorm… Mañana ya vendrán los que los sustituirán, pero en esencia con los mismos guiones, a no ser que la ciudadanía vuelva a tomar conciencia de las armas democráticas que tiene en sus manos con el voto, la participación y el uso de la libertad de expresión, castigando comportamientos, estilos y actitudes, porque sólo así es posible un cambio en el panorama. No esperemos mucho de los partidos si no los azuzamos, si no les hacemos ver que no somos súbditos ni borregos, que tenemos criterio y que discernimos entre el bien y el mal, lo prudente y lo imprudente y la espiga y la paja. ¿Es mucho pedir?
04 octubre 2009
Miles de andaluces se manifiestan en Sevilla

Miles de andaluces, más de 15.000 según la organización y sólo 3.000 según fuentes policiales, se manifestaron hoy domingo en Sevilla, bajo el lema 'Ante la crisis, reparto del trabajo y la riqueza', convocados por los sindicatos SAT y CGT, por el Foro social y por las formaciones políticas IU, PA y PSA.
En declaraciones a los medios, el coordinador general de IULV-CA, Diego Valderas, afirmó que hay que "abrir conciencia" en la sociedad andaluza porque la situación económica "está muy mal", a lo que sumó que queda demostrado con las últimas cifras del paro. "Como la cosa siga así, esto no sólo va a ir a más sino que se necesitarán otras medidas para poder frenar la sangría del desempleo que vive Andalucía", sentenció.En este sentido, admitió que "es necesario un cambio de política económica, mejorar la política presupuestaria y poner en marcha una mayor política de inversiones", aunque subrayó que "sobre todo hay que solucionar los problemas que pesan en buena parte de la sociedad que más duramente lo está padeciendo".
Por ello, reivindicó la eliminación de "todas las condiciones negativas del decretazo" y pidió la creación de empleo, "con mayores condiciones en el medio rural". Además, hizo un llamamiento a todas las fuerzas políticas y a la clase sindical porque "o hay movilización o la crisis va a pasar por encima de los ciudadanos más débiles como una apisonadora".Asimismo, criticó la política de Zapatero y la que está predicando el PP porque, a su juicio, "ampara cada vez con más fuerza a los poderosos y golpea a los más débiles". Muestra de ello, dijo, ha sido la aprobación de los PGE por el Consejo de Ministros.
"A esos de las primas y los poderes financieros que nos han metido en esta situación no hay quien los toque", lamentó, a lo que añadió que "en la política del PSOE, de Zapatero y de Griñán hay un aspecto de cobardía", porque, aseguró que "para que haya una sociedad más justa tienen que pagar más los que más tienen para que reciban los que más necesitan".
Por su parte, el secretario general del SAT, Diego Cañamero, indicó que la manifestación "es una respuesta a la agresión del Gobierno y al maltrato de las últimas detenciones", pero sobre todo, dijo, a la situación "desesperante" que vive Andalucía.
Ante esto, dijo, desde el SAT piden el mantenimiento y la renovación de los subsidios, que el subsidio agrario "llegue a los diez meses", que las hipotecas se paralicen mientras las personas que las pagan están en paro y que se cree un fondo social de trabajo "durante cuatro meses al año con dinero público" para todos los parados andaluces.
"Zapatero no puede seguir pidiendo sacrificio al pueblo: primero dijo que España era fuerte, después que había que arrimar el hombro y ahora que hay que arrimar las carteras" con la subida de impuestos, señaló, a lo que sumó que están "cansados de medidas que no solucionan nada".
En esta línea, líder nacional CUT-BAI, Juan Manuel Sánchez Gordillo, lamentó que Andalucía esté siendo "discriminada" por la política económica puesta en marcha por el Gobierno de la nación y afirmó que con la subida de impuestos se está "robando a los más pobres para dárselo a los ricos", por lo que reclamó un nuevo modelo económico.
Por último, la secretaria general del PA, Pilar González, reivindicó un "reparto más justo de la riqueza" en una Andalucía donde "los trabajadores están sin trabajo". "Tenemos una Andalucía que no se cree cuentos de chucherías, que es invisible a los PGE y a la que no se le va a abonar la deuda histórica", concluyó.
02 octubre 2009
Andalucía cierra septiembre con 20.393 personas más en el paro

El paro registrado sube en 14 Comunidades Autónomas encabezadas por Andalucía (20.393) y Cataluña (12.223). Baja, en cambio en 3 Comunidades Autónomas: Castilla-La Mancha (-2.344), La Rioja (-248) y Navarra(-38).
Las Oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) inscribieron en septiembre a 20.393 personas en Andalucía, lo que supone un 2,54% más que en agosto y sitúa la cifra total de desempleados en la comunidad en 823.530 personas, según los datos difundidos hoy por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.
Por provincias, el desempleo ha subido el paro en todas ellas. Los mayores incrementos se han producido en Huelva (4,89%), Cádiz (3,83%) y Málaga (3,14%). Las provincias donde el incremento del paro ha sido menor son Almería (0,72%) y Jaén (1,04%). Si se analizan los datos interanuales, Almería (37,63%), al igual que los meses anteriores, continúa siendo la provincia donde más ha crecido el paro en los últimos 12 meses, le siguen Málaga (36,48%) y Granada (31,01%). En sentido contrario, Cádiz (21,52%) y Córdoba (22,40%) son las provincias donde los incrementos, con respecto al año anterior, han sido menores.
España: nuevo aumento del número de desempleados en septiembre Las Oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) inscribieron en septiembre a 20.393 personas en Andalucía, lo que supone un 2,54% más que en agosto y sitúa la cifra total de desempleados en la comunidad en 823.530 personas, según los datos difundidos hoy por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.
Por provincias, el desempleo ha subido el paro en todas ellas. Los mayores incrementos se han producido en Huelva (4,89%), Cádiz (3,83%) y Málaga (3,14%). Las provincias donde el incremento del paro ha sido menor son Almería (0,72%) y Jaén (1,04%). Si se analizan los datos interanuales, Almería (37,63%), al igual que los meses anteriores, continúa siendo la provincia donde más ha crecido el paro en los últimos 12 meses, le siguen Málaga (36,48%) y Granada (31,01%). En sentido contrario, Cádiz (21,52%) y Córdoba (22,40%) son las provincias donde los incrementos, con respecto al año anterior, han sido menores.
Ante la Crisis Reparto del Trabajo y la Riqueza

12 horas - PRADO DE SAN SEBASTIÁN
Convocan: SAT - SOC - CUT-BAI - CGT Sevilla - CNT-AIT-SEVILLA - USTEA - IU-CA - ECOLOGISTAS EN ACCION - FORO SOCIAL SEVILLA - SINDICATO UNITARIO - CORRIENTE ROJA - EN LUCHA - JALEO - PSA - PA - BNA - IZQUIERDA ANTICAPITALISTA.
ANTE LA CRISIS: REPARTO DEL TRABAJO Y LA RIQUEZA
La Crisis económica sigue golpeando cada vez con más dureza a nuestros pueblos y ciudades. Esta es una de las consecuencias de la implantación de las políticas neoliberales que padecemos.
Medidas como la flexibilización del mercado de trabajo, con la bajada de salarios y aumento de horas de trabajo, unida al recorte en las libertades y derechos conseguidos en años anteriores han globalizado el mercado. Se ha privilegiado al mundo financiero sobre el productivo, especulando con bienes de primera necesidad como el alimento y la vivienda. Esto ha provocado una enorme falta de recursos en millones de personas que ya no pueden comprar esas mercancías que el sistema capitalista necesita producir ilimitadamente, para asegurar su supervivencia.
Convocan: SAT - SOC - CUT-BAI - CGT Sevilla - CNT-AIT-SEVILLA - USTEA - IU-CA - ECOLOGISTAS EN ACCION - FORO SOCIAL SEVILLA - SINDICATO UNITARIO - CORRIENTE ROJA - EN LUCHA - JALEO - PSA - PA - BNA - IZQUIERDA ANTICAPITALISTA.
ANTE LA CRISIS: REPARTO DEL TRABAJO Y LA RIQUEZA
La Crisis económica sigue golpeando cada vez con más dureza a nuestros pueblos y ciudades. Esta es una de las consecuencias de la implantación de las políticas neoliberales que padecemos.
Medidas como la flexibilización del mercado de trabajo, con la bajada de salarios y aumento de horas de trabajo, unida al recorte en las libertades y derechos conseguidos en años anteriores han globalizado el mercado. Se ha privilegiado al mundo financiero sobre el productivo, especulando con bienes de primera necesidad como el alimento y la vivienda. Esto ha provocado una enorme falta de recursos en millones de personas que ya no pueden comprar esas mercancías que el sistema capitalista necesita producir ilimitadamente, para asegurar su supervivencia.
Andalucismo para principiantes

El andalucismo es un valor en alza. Más allá de los éxitos políticos y los fracasos electorales del PA, más allá de la coyuntura que lo pone de moda en estos días, más adentro de todo eso tengo la convicción y la certeza de que es necesario, de que ha sido y sigue siendo un aportación imprescindible no sólo en Andalucía, sino también en el conjunto del estado. Por eso no es sorprendente que los partidos centralistas, que tienen sucursales en el conjunto de España, proclamen su andalucismo, le añadan una “A” a sus siglas y ondeen banderas andaluzas. Algunos creen que en determinados momentos es conveniente hacer ostentación de los símbolos, como una lluvia de caramelos (chuches, al fin y al cabo) en una cabalgata de Reyes Magos, algo fugaz que deja un sabor dulce y una bonita foto.
Con mucho de maquillaje, de propaganda, de teatralización y de temporalización cuando interesa al líder o a la audiencia, se programa un show y se hace un alarde de lo que convenga. “Estamos en la sociedad del espectáculo y la política no es ajena”. Eso piensan algunos políticos. Son los que te dicen que desde Roma lo del “pan y circo” funciona. “Démosles a los ciudadanos, que son “mentes simples”, cosas complejas para que disfruten y se entretengan”.
Yo no pienso así, más bien pienso todo lo contrario, no creo en las mentes simples y acríticas que “tragan” cualquier cosa. Me interesan los ciudadanos conscientes, los que “metabolizan”, los que eligen, los que no renuncian al dolor de la lucidez. Y creo que la inmensa mayoría de los andaluces son personas de mentes complejas que tienen, además, capacidad de disfrutar de las cosas simples.
Por eso, para las y los andaluces conscientes quiero apuntar algunas claves sobre el andalucismo y que después ellas y ellos saquen su conclusión. Confío tanto en el pueblo andaluz que pongo mis palabras a su disposición para que haga con ellas lo que quiera.
Porque el andalucismo defiende, en primer lugar, la existencia de un sujeto político colectivo, la existencia del pueblo andaluz como mediación entre cada persona individual y el mundo en abstracto. El pueblo andaluz existe y es concreto. Tiene un espacio físico en el que habita, tiene pasado, presente y futuro y tiene una identidad anclada en el mestizaje y la convivencia que resulta particularmente valiosa en un mundo complejo. Los andaluces son diversos, no son todos de derecha ni de izquierda, no son todos nacionalistas ni centralistas. A algunos partidos políticos les interesan sólo “los suyos”, al andalucismo le interesan todos los andaluces.
Esa es la razón de que el espíritu de Andalucía no puede ser otro que el del 4 de diciembre. Con todo el cariño y el respeto para la ciudad nazarena y las 20.000 personas que caben en su velódromo, más allá del show (lo haga quien lo haga), el espíritu de Andalucía no es un lugar, es una fecha, es el despertar de un frío día de diciembre en el que más de un millón de andaluces salieron a la calle en todas las ciudades. Y ese espíritu no es de nadie porque es de todos, es del pueblo andaluz. Es el día en el que los andaluces pasan a ser sujeto y dejan de ser objeto o complemento circunstancial de la política en España.
El andalucismo no es la derecha, precisamente porque hay toda una historia de invisibilidad de Andalucía, de manipulación y de apropiación de nuestra identidad, una historia de sometimiento que siempre ha interesado a la derecha. Y contra ella se rebela el andalucismo y se rebelaron los andaluces el 4 de diciembre. El objetivo del andalucismo es precisamente el contrario, hacer visible a Andalucía.
El andalucismo tampoco es la izquierda tradicional, porque no ha habido un proyecto valiente y decidido para la cohesión de Andalucía desde el partido, pretendidamente de izquierda, que gobierna Andalucía desde hace casi 30 años. La política andaluza no ha tenido contenido propio desde los días fundacionales. Después nos han tapado con el mismo manto de silencio e invisibilidad. La autonomía supeditada.
Por eso, el andalucismo no es ni el PP ni el PSOE, ni sometidos ni supeditados. Nos diferencia la ideología, la cultura, la práctica política. El andalucismo sigue gritando, desde 1919 ¡Viva Andalucía Libre!
Por eso no es andalucista quien convoca las elecciones andaluzas juntas con las generales (PSOE), quien no ha pagado en 28 años la Deuda Histórica con Andalucía (PP y PSOE), quien se burla de los símbolos andaluces (Vidal-Cuadras) o de nuestra manera de hablar (Nebreda), quien pacta una financiación autonómica que no responde a nuestras necesidades (PP y PSOE), quien entiende que Andalucía es un campo de batalla para victorias partidarias (PP y PSOE), quien abandona Andalucía y se va a Madrid porque quiere hacer política (Arenas y Chaves).
No es andalucista tampoco quien pretende hacerse el amo de la Constitución. Porque la Constitución no tiene amo, es de todos, la Constitución no es una ideología, es un pacto entre todos. Y el andalucismo sí es una ideología que ya existía cuando se elaboró la Constitución, el andalucismo existía antes de quienes ahora quieren hacer suya la carta magna, que entonces no existían. El andalucismo sabe que el pueblo andaluz desbordó los límites establecidos en la Constitución y PSOE , AP y UCD no tuvieron más remedio que aceptarlo. Por eso no vale la chuche del “andalucismo constitucional”, porque empacha y no se entiende.
La crisis mas importante de todas las que nos azotan, la crisis de los valores no puede resolverse con engaños. No habrá servido para nada tanto sacrificio. Cuando alguien incluye el andalucismo en su discurso político como si fuera una chuchería, buscando la rentabilidad derivada de la fortaleza del andalucismo, está repitiendo el comportamiento del financiero Madoff .
Es cierto que Andalucía necesita un cambio, es cierto que el mundo necesita cambios. Y los cambios para que sean reales, para que sean efectivos, para que modifiquen las cosas no pueden partir del maquillaje o de lo accesorio, los cambios nacen de las convicciones auténticas. Andalucía no es Lampedusa, no creo en el cambio que pregona quien sólo pretende la impostura de “cambiar algo para que todo siga igual”. No puede liderar el cambio en Andalucía quien la considera subalterna de las decisiones que se toman en Madrid, ya sea en la calle Génova o en la calle Feraz. Los cambios saldrán de adentro, como ocurrió el 4 de diciembre, no vendrán de afuera. El cambio que necesita Andalucía es el “por sí” de nuestro escudo, es el del pueblo andaluz consciente, es el de los sones de la verdiblanca. No es tiempo de rumbitas edulcoradas, es tiempo de voces graves y comprometidas. Es el tiempo del andalucismo porque es la hora de Andalucía.
Vía: Andalucismo con Pilar González
Con mucho de maquillaje, de propaganda, de teatralización y de temporalización cuando interesa al líder o a la audiencia, se programa un show y se hace un alarde de lo que convenga. “Estamos en la sociedad del espectáculo y la política no es ajena”. Eso piensan algunos políticos. Son los que te dicen que desde Roma lo del “pan y circo” funciona. “Démosles a los ciudadanos, que son “mentes simples”, cosas complejas para que disfruten y se entretengan”.
Yo no pienso así, más bien pienso todo lo contrario, no creo en las mentes simples y acríticas que “tragan” cualquier cosa. Me interesan los ciudadanos conscientes, los que “metabolizan”, los que eligen, los que no renuncian al dolor de la lucidez. Y creo que la inmensa mayoría de los andaluces son personas de mentes complejas que tienen, además, capacidad de disfrutar de las cosas simples.
Por eso, para las y los andaluces conscientes quiero apuntar algunas claves sobre el andalucismo y que después ellas y ellos saquen su conclusión. Confío tanto en el pueblo andaluz que pongo mis palabras a su disposición para que haga con ellas lo que quiera.
Porque el andalucismo defiende, en primer lugar, la existencia de un sujeto político colectivo, la existencia del pueblo andaluz como mediación entre cada persona individual y el mundo en abstracto. El pueblo andaluz existe y es concreto. Tiene un espacio físico en el que habita, tiene pasado, presente y futuro y tiene una identidad anclada en el mestizaje y la convivencia que resulta particularmente valiosa en un mundo complejo. Los andaluces son diversos, no son todos de derecha ni de izquierda, no son todos nacionalistas ni centralistas. A algunos partidos políticos les interesan sólo “los suyos”, al andalucismo le interesan todos los andaluces.
Esa es la razón de que el espíritu de Andalucía no puede ser otro que el del 4 de diciembre. Con todo el cariño y el respeto para la ciudad nazarena y las 20.000 personas que caben en su velódromo, más allá del show (lo haga quien lo haga), el espíritu de Andalucía no es un lugar, es una fecha, es el despertar de un frío día de diciembre en el que más de un millón de andaluces salieron a la calle en todas las ciudades. Y ese espíritu no es de nadie porque es de todos, es del pueblo andaluz. Es el día en el que los andaluces pasan a ser sujeto y dejan de ser objeto o complemento circunstancial de la política en España.
El andalucismo no es la derecha, precisamente porque hay toda una historia de invisibilidad de Andalucía, de manipulación y de apropiación de nuestra identidad, una historia de sometimiento que siempre ha interesado a la derecha. Y contra ella se rebela el andalucismo y se rebelaron los andaluces el 4 de diciembre. El objetivo del andalucismo es precisamente el contrario, hacer visible a Andalucía.
El andalucismo tampoco es la izquierda tradicional, porque no ha habido un proyecto valiente y decidido para la cohesión de Andalucía desde el partido, pretendidamente de izquierda, que gobierna Andalucía desde hace casi 30 años. La política andaluza no ha tenido contenido propio desde los días fundacionales. Después nos han tapado con el mismo manto de silencio e invisibilidad. La autonomía supeditada.
Por eso, el andalucismo no es ni el PP ni el PSOE, ni sometidos ni supeditados. Nos diferencia la ideología, la cultura, la práctica política. El andalucismo sigue gritando, desde 1919 ¡Viva Andalucía Libre!
Por eso no es andalucista quien convoca las elecciones andaluzas juntas con las generales (PSOE), quien no ha pagado en 28 años la Deuda Histórica con Andalucía (PP y PSOE), quien se burla de los símbolos andaluces (Vidal-Cuadras) o de nuestra manera de hablar (Nebreda), quien pacta una financiación autonómica que no responde a nuestras necesidades (PP y PSOE), quien entiende que Andalucía es un campo de batalla para victorias partidarias (PP y PSOE), quien abandona Andalucía y se va a Madrid porque quiere hacer política (Arenas y Chaves).
No es andalucista tampoco quien pretende hacerse el amo de la Constitución. Porque la Constitución no tiene amo, es de todos, la Constitución no es una ideología, es un pacto entre todos. Y el andalucismo sí es una ideología que ya existía cuando se elaboró la Constitución, el andalucismo existía antes de quienes ahora quieren hacer suya la carta magna, que entonces no existían. El andalucismo sabe que el pueblo andaluz desbordó los límites establecidos en la Constitución y PSOE , AP y UCD no tuvieron más remedio que aceptarlo. Por eso no vale la chuche del “andalucismo constitucional”, porque empacha y no se entiende.
La crisis mas importante de todas las que nos azotan, la crisis de los valores no puede resolverse con engaños. No habrá servido para nada tanto sacrificio. Cuando alguien incluye el andalucismo en su discurso político como si fuera una chuchería, buscando la rentabilidad derivada de la fortaleza del andalucismo, está repitiendo el comportamiento del financiero Madoff .
Es cierto que Andalucía necesita un cambio, es cierto que el mundo necesita cambios. Y los cambios para que sean reales, para que sean efectivos, para que modifiquen las cosas no pueden partir del maquillaje o de lo accesorio, los cambios nacen de las convicciones auténticas. Andalucía no es Lampedusa, no creo en el cambio que pregona quien sólo pretende la impostura de “cambiar algo para que todo siga igual”. No puede liderar el cambio en Andalucía quien la considera subalterna de las decisiones que se toman en Madrid, ya sea en la calle Génova o en la calle Feraz. Los cambios saldrán de adentro, como ocurrió el 4 de diciembre, no vendrán de afuera. El cambio que necesita Andalucía es el “por sí” de nuestro escudo, es el del pueblo andaluz consciente, es el de los sones de la verdiblanca. No es tiempo de rumbitas edulcoradas, es tiempo de voces graves y comprometidas. Es el tiempo del andalucismo porque es la hora de Andalucía.
Vía: Andalucismo con Pilar González
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
