Conferencia del profesor Vicenç Navarro en la UIMP
Conferencia realizada el 27 de agosto de 2009 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo
El profesor Vicenc Navarro analiza el impacto de las crisis financiera y económica en la Europa Social, señalando que el deterioro de la protección social que está ocurriendo en la Unión Europea es la expresión máxima de lo que ha estado ocurriendo desde los años ochenta, consecuencia del dominio liberal existente en las instituciones del establishment europeo. El profesor señala también como las instituciones de la UE y las políticas que promueven deben cambiarse sustancialmente para mejor responder a la crisis.
Andalucía lidera la temporalidad laboral en España

En un comunicado, Agett informó además de que, según los datos del estudio, Andalucía fue la segunda con un mayor porcentaje de hogares con todos sus miembros activos en paro, llegando al 13,2% (un 4,5% más que la media nacional, del 8,7%), superada sólo por Canarias, con un 13,65%.
De igual modo, el 30,7% de los parados andaluces llevaba más de un año buscando un puesto de trabajo sin éxito, un dato que se encuentra un 4,4% por encima de la media nacional, que alcanzó el 26,3 por ciento.
Asimismo, a tenor de la investigación, un 25,4% de los desempleados de la región que buscaban trabajo no lo encontraron, un registro que supera en un 7,5% la media nacional, en la que sólo un 17,9% de ellos no fueron capaces de cambiar su situación laboral.
En relación a la destrucción de empleo, en Andalucía se perdieron un total de 249.100, lo que representó un 16,8% del total nacional. Por contra, mientras en España la población activa sólo creció un 1,2%, en la región lo hizo en un 3,5%. El registro andaluz estuvo sólo por debajo del balear, que llegó al 3,6%.
Finalmente, el estudio mostró que la conversión de contratos temporales en indefinidos sólo alcanzó en Andalucía una tasa del 2,4%, un 1,9 por debajo de la media nacional, del 4,3%.
España estará "al menos dos años más en recesión"
En una nota, el analista de S&P Alejandro Casas apuntó que "la revisión de la perspectiva refleja un entorno económico recesivo unido al deterioro que se está produciendo en las cuentas regionales, que se intensificará en 2010".
Asimismo, señaló que "la calificación crediticia sigue reflejando un nivel de endeudamiento actualmente modesto, ligado a unos resultados presupuestarios históricamente sólidos, así como unas disponibilidades líquidas que se mantienen confortables", si bien estimó que ambos factores "se deteriorarán en los próximos dos años".
De esta manera, indicó que estos factores positivos se ven "parcialmente compensados por la elevada rigidez y dinamismo de los gastos corrientes, ligados a la alta proporción, dentro del presupuesto regional, de las competencias en Sanidad, Educación y Servicios Sociales".
El otro factor negativo, según puntuliazó, se refiere a indicadores de riqueza 'per capita' y desempleo inferiores a los niveles promedio tanto nacionales como de la Unión Europea (UE). "Creemos que en 2010 los ingresos no financieros podrían sufrir un decrecimiento por encima de los dos dígitos --el mayor de la historia--, en línea con las fuertes reducciones en los ingresos fiscales a nivel nacional --la caída promedio del conjunto de figuras tributarias es del 17,7 por ciento con datos del primer semestre de 2009--", subrayó.
De esta manera, S&P estimó que "la bajada no será compensada por los recursos adicionales derivados del nuevo sistema de financiación". En consecuencia, indicó que en "el escenario central para 2010 se prevé un ahorro bruto negativo y un déficit record después de inversiones del 16 por ciento de los ingresos no financieros".
Así, para el año 2011 S&P prevé "un débil aumento de los ingresos tributarios que permitirían una mejora de los resultados presupuestarios, pero los déficits después de inversiones seguirán siendo probablemente elevados --superiores al 10% de los ingresos no financieros--".
La combinación de elevados déficits y bajadas de ingresos conllevará, a su juicio, "un salto sin precedentes en los niveles de deuda regionales, que podrían más que doblarse", ya que "la ratio de deuda total sobre ingresos corrientes pasaría a representar el 76 por ciento de los ingresos corrientes a cierre de 2011 --por encima de la mediana de la categoría "AA" estimada para esta ratio--, desde un nivel inicial del 34 por ciento a cierre de 2008".
España estará "al menos dos años más en recesión"
Standard & Poor's destacó que tras crecer más de un tres por ciento desde el año 2000, Andalucía entró en recesión en el primer trimestre de 2009, con una contracción anual récord del 3,1 por ciento --similar a la media nacional--. En este sentido, estimó que España estará "al menos dos años más en recesión".
La perspectiva negativa, según apuntó, también tiene en cuenta la recesión actual y "el impacto particularmente importante" en el turismo, ya que el número de turistas bajó un 13,2 por ciento en el primer semestre del año respecto del mismo período de 2008, "la mayor contracción en una década".
De acuerdo a datos del primer trimestre del año 2009, S&P indicó que prácticamente todos los sectores están en cifras negativas --incluyendo los servicios que se habían mantenido creciendo hasta el último trimestre del año 2008--, lo que explica "el virulento aumento del desempleo, que alcanzó el 25,4 por ciento en el segundo trimestre del año, el mayor valor desde el año 2000".
Por último, advirtió de que se podría rebajar la calificación si las ratios de endeudamiento superan sus estimaciones y si el salto en el nivel de deuda se asemeja al previsto, aunque afirmó que "no tienen visibilidad sobre una tendencia a la baja de los niveles de deuda en el medio-largo plazo".
De igual manera, señaló que tendrán en cuenta las perspectivas sobre la duración de la recesión y sobre la velocidad con la que la economía regional podrá salir de ella e informó de que revisarán la perspectiva a estable "si se gana visibilidad sobre una vuelta al equilibrio presupuestario en el medio-largo plazo que permita una tendencia descendente de los niveles de deuda".
Discurso de Manuel Pimentel en homenaje a Blas Infante
Dicen que un hombre nunca muere del todo mientras que alguien le recuerda. Han pasado más de setenta años de su muerte y su figura sigue congregándonos bajo este sol de justicia. ¿Por qué? ¿Somos acaso un puñado de nostálgicos o de románticos que no queremos que muera un mito que nos seduce? No, nuestra pertinacia va mucho más allá de la dulce memoranza o del recuerdo añorante. Tampoco nos congrega la simple exaltación del héroe. Desgraciadamente, muchos otros miles de andaluces fueron asesinados por sus ideas en aquella maldita guerra que nos devastó. ¿Por qué venimos entonces? A buen seguro que cada cuál tendrá su motivo particular, pero todos coincidiremos en algo: que don Blas es el padre de nuestra Patria andaluza y que su pensamiento aún está vivo. No venimos tan sólo a honrar a una muerte, sino, sobre todo, a dar testimonio del mucho futuro que encierran las ideas de aquel hombre bueno.
Blas Infante fue una persona de acción y un pensador dotado de una sorprendente intuición que le permitió desvelar los misterios de nuestra esencia, ocultos por la inquina de siglos de cultura oficial. Más que al político, que también, venimos a encontrarnos con el hombre de ideas siempre originales y frescas. Tan vivas están, que aún escuecen en el día de hoy, rajando los velos con los que la estulticia de algunos quiso ocultar nuestra memoria e identidad.
Como editor que soy, sé bien que los libros son las puertas para la eternidad. El sonido de las palabras se las lleva el viento, pero la tinta sobre el papel cimienta el edificio de la memoria más perdurable. Sus pasos se cuentan por libros, por eso podemos seguirle en su caminar. Volvemos una y otra vez a él para beber en el manantial de su pensamiento.
A diferencia de los héroes oficiales, cuya memoria sólo se mantiene en el sarcófago de sus hornacinas, la figura de Blas Infante no se dejará domesticar, siempre se resistirá a ser fosilizada. Blas Infante no quiere ser un santo laico elevado a los altares por los pontífices del poder. Sabe bien que esa lejanía oficial lo desactivaría, y él todavía quiere ser oído. Su voz es el eco atávico de nuestro pueblo, y su grito sigue siendo indomable porque hace vibrar las cuerdas ocultas de nuestra emoción más íntima.
1.- VISIÓN HISTÓRICA.
Aún estremece su intuición histórica. Nadie como él supo ver la milenaria continuidad del pueblo andaluz, usurpada durante siglos, y aún no liberada del todo. Por razones políticas bien conocidas, tras la conquista de Andalucía por Castilla, se escribió una nueva historia, encaminada a borrar cualquier lazo de los derrotados con su propio pasado. Se trató, se trata mejor dicho, porque aún estamos bajo su influencia, de un auténtico genocidio cultural que pretendió que desapareciéramos para siempre como pueblo. El objetivo estaba claro. Nosotros no éramos ya nosotros, sino que por la alquimia del poder vencedor nos habíamos transmutado en ellos, los conquistadores. Y nos contaron una historia imposible que nadie cuestionó, porque, entre otras cosas, le podía costar la vida. Como si fuese un cuento infantil, nos aseguraron que por la traición de don Julián, los árabes invadieron España en el año 711 y que, tras su victoria en la batalla de Guadalete, los pérfidos semitas ocuparon casi la totalidad la península, que pasó a ser árabe y a estar supuestamente habitada por árabes. Los cristianos iniciamos la bautizada Reconquista en Covadonga, y ocho siglos después, logramos arrojar a los moros al mar. Los andaluces de hoy – nos dijeron – somos por entero fruto de esa repoblación. No tendríamos, pues, historia propia, distinta de la Castilla. De hecho, durante algún tiempo, incluso intentaron bautizarnos como Castilla la Novísima. Aunque ese secuestro del nombre no funcionó, si lograron extrañarnos de nuestra propia historia. Con la caída de Al Ándalus se quiebra el espejo de nuestra identidad. Queríamos vernos en el pasado y no nos encontrábamos. Ya no existíamos. Esos que habitaron Andalucía desde los albores de la humanidad no éramos nosotros, eran otros. Nosotros llegamos tras la Reconquista. El expolio más cruel se había operado. Consiguieron arrancarnos la posesión de nuestro pasado. Nuestra memoria había desaparecido. Todavía hoy, mantenemos una patológica relación de ajenidad con nuestra propia historia. Oímos cada día que Málaga y Cádiz la fundaron los fenicios, a Córdoba los romanos, los árabes construyeron la mezquita, Medina Azahara y la Alhambra, los castellanos el alcázar de Sevilla. ¿Dónde estábamos entonces nosotros? ¿Es que nunca hubo nadie aquí? El gran arabista Emilio García Gómez, ante la Alhambra, definió con brillantez nuestra paradoja íntima, la punzante tragedia que experimentamos al vivir entre monumentos que son en verdad nuestros y que no hemos sabido hacer nuestros por indigestión de Historia. Debemos reivindicar el nosotros. Que no nos digan más, por favor, que Averroes fue un filósofo árabe nacido en Córdoba. Fue, sencillamente, un filósofo cordobés nacido en Córdoba. La Mezquita de Córdoba no la construyeron los árabes, la hicieron los cordobeses, la Alhambra no la edificaron los árabes, la levantaron los granadinos. Obviedades que sin embargo extrañan aún a nuestras propias gentes. ¿Nosotros? ¿Pero no la hicieron los moros que son ellos? La deslumbrante intuición de Blas Infante permitió que colocáramos el “nosotros” en el pueblo adecuado. Con el cambio de sujeto, nuestra historia adquiere un sentido y una entidad absolutamente imprevista para nuestras gentes. Somos los mismos que pintamos la Cueva de la Pileta o construimos Los Millares. Nuestro pueblo lleva expresándose culturalmente desde la antigüedad más remota.
Andalucía no es árabe. Brillamos excepcionalmente en nuestro periodo musulmán, pero nuestra historia es mucho más antigua y rica. Blas Infante valoró ese anclaje en el pasado lejano, y dedicó muchas páginas de sus libros a narrar la antigüedad andaluza, todavía hoy sorprendentemente poco conocida. Infante se centró en las culturas del vaso campaniforme, que desde Andalucía llegó hasta el corazón de Europa y en los enterramientos en cúmulos. Podría haberlo hecho sobre nuestra espectacular cultura megalítica, claramente infravalorada. Basta una visita a los dólmenes de Antequera – Antiquaria, ciudad antigua en latín – para comprender nuestro temprano desarrollo. Blas Infante reivindicó ese pasado, anticipándose en muchas décadas a lo que la arqueología científica fue demostrando después. Sorprende sus conocimientos arqueológicos sobre las culturas calcolíticas y del bronce en Andalucía, así como de la mitología sobre dioses y héroes procedentes o relacionados con Andalucía. Océano, Crisaor, Medusa, Atenea, Hércules, Cronos, Osiris, entre otros, están directamente imbricados en nuestra propia mitología, también presente, de forma apabullante, en la griega y egipcia. Fue Andalucía tierra diletante y primigenia, madre de civilizaciones y culturas. “Los turdetanos – escribió Estrabón – eran los más doctos de los íberos, pues usan de gramática y tienen antiguos libros, poemas y leyes en verso, que cuentan, según dicen, con seis mil años de antigüedad”. Tuvimos leyes escritas tan antiguas como las egipcias, las babilónicas o las chinas. Nosotros somos los herederos de ese pueblo antiguo y sabio. Estrabón habló de más de doscientas ciudades andaluzas muy antiguas. Quizá Shulten se equivocara al buscar un Tartessos perdido en imitación de la Troya de Schielman. Las ciudades tartésicas, en su inmensa mayoría, se encuentran bajo nuestros pueblos y ciudades actuales, que, a buen seguro, se cuentan entre las más antiguas del mundo.
La Bética se incorporó como provincia senatorial al imperio romano, mientras que el resto de Hispania fue conquistada militarmente y considerada como provincia imperial. Andaluces fueron los emperadores Trajano y Adriano, y nuestro genio se reveló en las figuras de Séneca, Lucano o Columela, todos ellos béticos-romanos. El reflejo de los brillos de la Bética iluminaron muchos siglos de nuestra historia, y aún se pueden encontrar en la cultura andaluza de hoy.
Nos hicieron mantener una relación de ajenidad con nuestra propia historia, y como muestra dolorosa nos encontramos la condena que recibió Al Ándalus, una de nuestra etapas más excelsas, firmemente reivindicada por Blas Infante. Debemos repetirlo con fuerza, incluirlo en nuestros libros de texto, asimilarlo vitalmente. Al Ándalus no es la historia de los árabes, es parte muy importante de la historia de los españoles en general, y de los andaluces en particular. Al Ándalus no lo hicieron los moros, lo hicimos nosotros, es reflejo de nuestro propio genio. Hasta que no lo hagamos nuestro, no podremos reconciliarnos con nuestra propia historia. Blas Infante lo tuvo claro. Aún hoy hieren sus palabras. Puso el “nosotros” en el lado de los andalusíes conquistados, perseguidos y obligados a ocultar sus costumbres y cultura bajo los rigores de las apariencias castellanas de la época.
Blas Infante fue criticado y ridiculizado por sus ideas. Cuando pidió celebrar un homenaje a nuestro rey Almutamid en la ciudad portuguesa de Silves, donde nació, fue acusado de peligroso islamita. Todavía hoy, cuando nos atrevemos a reivindicar Al Ándalus como parte de nuestra historia, y a sentirnos herederos orgullosos de su legado, se arrojan sobre nosotros insultos y descalificaciones. Existe un alma negra que no acepta lo andaluz y su pasado. Nuestra identidad les inquieta, les aviva un odio irracional. Esa herida aún está viva, podéis comprobarlo simplemente evocando el nombre de Al Ándalus en cualquier reunión. A nadie dejará indiferente. Unos lo mitificarán, otros lo despreciarán o negarán. Nuestra tesis no es ni la una ni la otra. No debemos mitificarlo, pero mucho menos ignorarlo. Al Ándalus es nuestro pasado y debemos conocerlo tal y como fue, con sus miserias, que sin duda las tuvo, y sus muchas grandezas. Celebramos este año el cuarto centenario de la expulsión de los andaluces que se rebelaron en Las Alpujarras contra una corona que incumplió lo pactado en las capitulaciones de Santa Fe. Por eso, debemos pedir hoy, como ya lo hiciera Blas Infante ayer, que a los descendientes de los moriscos expulsados se les facilite la nacionalidad española, al igual que ya hicimos con justicia con los descendientes de los sefarditas. Y pedimos reparación histórica para nuestros monarcas, como símbolo de nuestra historia e identidad. Al igual que los reyes de León, Castilla, Aragón, Navarra o los condes de Barcelona son iconos de nuestro pasado y los andaluces los aceptamos como parte de nuestro patrimonio histórico español, también nosotros pedimos que se coloquen en el mismo rango a los grandes reyes andaluces, injustamente olvidados y escondidos. En nuestro parnaso de monarcas, deben aparecer los Abderramán de Córdoba, los Almutamid de Sevilla, o los Muhammad de Granada, como importantes reyes hispanos de peso fundamental en el devenir de la historia andaluza y española. ¿Tanto les inquietamos como para que nos hayan usurpado hasta la memoria de nuestros reyes?
¿Queréis comprobar como el pensamiento de Blas Infante sigue levantando pasiones y heridas? Dicen que el patrón de España es Santiago Matamoros. Encuentro bellísima la ciudad de Santiago y una joya su camino, pero prefiero los santos de la paz y la bondad. Allá quienes encuentran santidad en quien decapita y descuartiza. Más allá de la cuestión religiosa, ante la que no cabe otra postura que la del respeto más íntimo, está la cuestión nacional. ¿Cómo puede ser el patrón de España un caballero matamoros? ¿Es que no caemos en la cuenta de qué quienes son lanceados y ensartados por nuestro santo bien pudiera ser antepasados de alguno de los aquí presentes? ¿Por qué no hacemos santos patrios a personajes menos sangrientos como San Isidoro de Sevilla o a San Juan de la Cruz, por poner algunos ejemplos más dignos? Para algunos muy influyentes, España se construyó con la cruz y el acero contra lo que significaba Andalucía. Por eso, quisieron aplastarla para siempre. Nuestra simple pervivencia les atemoriza. Afortunadamente para la humanidad, Andalucía nunca morirá.
Pero el tiempo no se detiene. No podremos avanzar como pueblo mirando siempre a través del retrovisor. Debemos conocer nuestra historia, para respetarnos a nosotros mismos, pero nuestra brújula debe orientarse hacia el futuro. Ayer fuimos capaces de protagonizar etapas muy brillantes, ¿por qué no hemos de volver a hacerlo en el mañana? Nuestro pasado nos concede confianza e impulso para la inmensa tarea que tenemos por delante. Ese espíritu ilusionado de redención es el que animó a Blas Infante a escribir en la Asamblea de Ronda de 1918. “Ha llegado la hora de que Andalucía, la región que siempre fue más civilizada de España y en ocasiones la Nación más civilizada del mundo, despierte y se levante para salvarse a sí misma y salvar a España de su vergonzosa decadencia”.
2.-PRINCIPIO DE LAS CULTURAS FRENTE AL PRINCIPIO DE LAS NACIONALIDADES.
Uno de sus postulados más originales y vigentes, el Principio de las Culturas en contraposición del Principio de las Nacionalidades, sigue lozano en el actual debate global. Frente a “cada nación un Estado” contrapuso “a cada pueblo su cultura”, un principio más noble, universalista y convergente. Blas Infante abominaba del concepto nación, al que consideraba un artificio político normalmente construido sobre la fuerza, y que conllevaba la exclusión del extraño. Frente a él defendió el concepto de pueblo cultural. “Yo no me propongo –afirmaba – fundamentar una nación, sino un SER”. Tras de postular el principio de las culturas, reconoció que siempre había experimentado una repugnancia invencible ante el concepto de nación. Atacó con fuerza el Principio de las Nacionalidades como particularista y excluyente y criticó a los nacionalismos “estúpidos, patrioteros, chauvinistas que vino a engendrar”. En esa paradoja aparente residía la peculiaridad de su andalucismo: “El regionalismo andaluz tenía que ser antiregionalista o antinacionalista, en el sentido de haber de repugnar los exclusivismos económicos y políticos>>. Somos universalistas, todo lo contrario de los nacionalismos paridos por el Principio de las Nacionalidades. Y como tierra manantial que somos, siempre fluirán generosas corrientes que abriremos a los demás. <
Blas Infante pronto se diferenció del nacionalismo vasco y en gran medida del catalán, por tener bases étnicas y raciales, mientras que el andaluz lo debía de poseer ético o moral, basado en la filosofía de la libertad de la persona, y con una nítida expresión cultural.
Andalucía siempre ha sido y será tierra abierta, que recibe con los brazos abiertos y que hace suyos a los que con nosotros viven. <
Pero el rechazo al exclusivismo nacionalista no puede suponer, en caso alguno, dejación en la defensa de nuestros derechos. Andalucía, que sabe que su sitio está en la Hispania secular, no aceptará jamás un Estado que nos discrimine. “No somos más que nadie, pero tampoco menos que el que más”. Sin esa fuerza andaluza, se habría consagrado una desigualdad competencial y estatutaria en el primer debate constitucional. Los andaluces frenamos la infamia con la fuerza del 4D y con el inesperado resultado del referéndum consiguiente. En la segunda revisión autonómica, las pulsiones de la desigualdad volvieron a rugir de nuevo. Con algunas dudas y ciertas heridas, el papel de Andalucía fue nuevamente relevante en el desarrollo de las reformas de los estatutos de autonomía, aunque nos queda el regusto amargo de ciertas concesiones discriminatorias a favor de Cataluña. En todo caso, de nuevo, se volvió a poner en evidencia el papel fundamental del Padre de la Patria Andaluza. Sus señorías tuvieron que echar mano de su legado para recoger en el nuevo Preámbulo la realidad nacional de Andalucía descrita por el Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919. Tuvo que ser Infante y su obra quienes desbloquearan un proceso que caminaba hacia el abismo. ¿Quién dijo que sus obras y sus ideas habían muerto y no tenían actualidad?
Blas Infante afirmaba que Andalucía no podría ser nunca separatista de España por una razón obvia: porque siempre fue y será su propia esencia. Esa convicción sigue definiendo el pensar de una inmensa mayoría de los andaluces. Desde la libertad de elegir, desde el reconocimiento a nuestra identidad e historia y de la corrección de las discriminaciones aún existentes, colaboraremos en pie de igualdad con el resto de tierras de España. No, más aún. Estaríamos dispuestos a la absoluta solidaridad iberista. El ideal de una Iberia reencontrada nos seduce y anima. El Algarbe y el Alentejo también fueron Tartessos, también Al Ándalus. España y Portugal no pueden vivir de espaldas, son parte de una misma esencia histórica. Ambas constituyeron Iberia o Hispania, y ojalá entre todos tengamos la suficiente imaginación y generosidad para ir uniendo nuestros esfuerzos en pro de un futuro de mayor colaboración y unión. Andalucía y el espíritu de Blas Infante serían sin duda una beneficiosa fuerza motriz para ese reencuentro histórico.
3.-IDENTIDAD.
Nadie de bien se debe sentir extranjero entre nosotros. Debemos mantener ese espíritu de generosa apertura que siempre nos caracterizó. Hacemos gala de la mezcla de sangres y culturas que atesoramos en nuestro interior y que vinieron a enriquecer el flujo natural de nuestra identidad. Como mestizos de mil sangres que somos, abominamos de los exclusivismos de raza. Por eso nos sentimos tan lejos de los nacionalismos que como el de Sabino Arana despreció como híbridas a las otras razas de la península, en contraposición con la pureza de los suyos. Nosotros, sin embargo, nos sentimos orgullosos de ser fruto de un milenario mestizaje, al que no renunciamos ni renunciaremos jamás. ¿Qué ideario nos parece ahora más necesario para estos momentos? El fenómeno de la inmigración, que hemos vivido con intensidad esta última década, y que volverá a reanimarse tras el doloroso paréntesis de la actual crisis económica, reabre el debate de la identidad. Aquellas tierras que la basan en criterios étnicos están condenadas a encerrarse en sí mismas o morir. Aquellas otras que, como Andalucía, mantenemos una fuerte identidad cultural que sobrevuela lo racial, seguiremos enriqueciendo sin merma nuestro acervo común. No podemos adivinar el futuro, pero estamos seguro que lo andaluz será más reconocible en el futuro que las identidades étnicas que precisan de las muletas oficiales para su conservación asistida. Paradojas de la vida. Nuestra patria abierta tiene raíces más profunda que sus naciones de razas y apellidos, porque está prendida en el pueblo mismo.
Somos pueblo abierto, hospitalario y pacífico. Blas Infante fue profundamente antibelicista. Sus sabias palabras aún resuenan entre nosotros: “Una sociedad – afirmaba – puede estar en contra de otra sociedad, pero una cultura no puede estar frente a otra sin dejar de ser cultura”. Ensalzaba nuestra tradición pacifista al escribir: “Este es el sino de Andalucía, siempre enfrente de los pueblos guerreros. Lucano lo dijo bellamente: <
Somos pueblo alegre, al tiempo que sabio y profundo. Con frecuencia, se confunde lo alegre con lo frívolo o superficial. Nada más lejos de la realidad, en nuestro caso, al menos. Tenemos un poso milenario de sabiduría que sabemos envolver con la elegancia de la alegría por vivir. Muchas veces no nos comprenden, haciendo caer sobre nosotros el mito de la pandereta y las castañuelas. Somos en general alegres, sí, por supuesto. Y a mucha honra, además. Pero también profundos y sabios. Mientras otros necesitan reforzar su sabiduría con una pose de solemne trascendencia, nosotros la relativizamos con la alegría por vivir, por el gusto y el placer de saber apreciar lo hermoso en las pequeñas cosas que nos rodean. Una sonrisa, una mirada, una flor, un atardecer, son fuentes de placer para los sabios de la existencia. No todo es posesión ni consumo. No todo es lucha por el dinero o el poder. ¿Y la alegría por vivir? ¿Y el culto al placer? Pues debemos saber una cosa. Hay más espiritualidad en nuestra capacidad hedonista que en los muchos golpes de pecho de los fariseos del realismo práctico que tanto nos ridiculizan. Dicen que somos perezosos e indolentes. Y todo porque valoramos lo que otros ya olvidaron por sus prisas. Entre otras cosas, la alegría por vivir. Se ríen de nosotros, de nuestra habla, de nuestra superficialidad. Pues nos da igual. Somos alegres y profundos. Llevamos miles de años siendo así, y, probablemente, otros tantos seguiremos. Decía Ortega y Gassett que los andaluces éramos el pueblo más antiguo de Europa. Y tenía razón. Y por viejos, somos sabios, y por sabios sabemos que nada merece la pena si por ello perdemos el gusto por vivir. La forma andaluza de estar en el mundo se nos revela más estable en el tiempo que las sucesivas culturas que nos dominaron. Ellas sucumben, nosotros continuamos. Y, curiosamente, terminamos siendo los que otorgamos identidad al conjunto. Paradojas de la vida. Conquistamos a nuestros conquistadores, nos dicen. Y será verdad, respondemos con la indeferencia del sabio. Porque intuimos que hemos sido esclavos en el reino del metal y el fuego, pero reyes en la república del espíritu.
Blas Infante reivindicó esa filosofía de vida. Frente al racionalismo europeo del “Pienso luego existo” de Descartes, contrapuso el “pienso y siento, luego existo”. La sabiduría andaluza siempre cantó a las cosas hermosas de la vida, al tiempo que sabía llorar las penas que albergaba nuestro corazón. Para vivir hay que sentir. La razón, transparente y lúcida, ilumina sombras, pero los sentimientos son los reales embajadores de la felicidad y la tristeza. Por eso, el alma andaluza canta lo sensorial y a los sentimientos, los dignifica, los considera parte substancial del alma humana. “Pienso luego existo”, sentenció Descartes; “Razono luego soy”, le emuló Kant. Hegel, en su soberbia filo-racista, sublimó esa componente racional. Lo bueno del hombre quedaba reducido a su intelecto, su razón y su pensamiento. Sólo lo racional era valorado, considerando todo lo irracional como una componente animal a ocultar. Sin ser conscientes, estaban convirtiendo al hombre en un monstruo, una especie de Frankenstein al revés, al que habían hurtado el derecho a sentir. El Hombre quedaba reducido al Homo Faber, el hombre que produce, o al Homo Pensante, que sólo avanza con su pensamiento. ¿Dónde quedaban entonces nuestros sentimientos, nuestra capacidad de amar, de emocionarnos, de soportar estoicamente el dolor? Quisieron teorizar un hombre, lo hicieron eficaz, implacable, trabajador, calculador. Pero no estaba completo. Le faltaba el tesoro de sus sentimientos, ese alma cálida e insensata, tantas veces cantada por los poetas del sur, acusados sistemáticamente de frívolos por las pensantes brumas del norte. Y, como no podía de otra forma, esa corriente europea de racionalismo productivista terminó naufragando en el océano profundo del pesimismo existencialista. Si pretendemos relacionarnos con el mundo que nos rodea exclusivamente a través de la Razón, siempre terminaremos concluyendo en que nada tiene sentido. Para equilibrar el alma humana es preciso aunar todas sus dimensiones. La racional, por supuesto, pero también la emocional, la sensual, la social, la espiritual. Y esos valores siempre estuvieron íntimamente arraigados en nuestras gentes y nuestros pensadores. Fuimos injustamente despreciados, desmerecidos. Que razón tenía el bueno de Blas Infante al contraponer al “Pienso luego existo” europeo su “Pienso y siento, luego existo”. Y por eso renegó de la Europa de la razón y el feudalismo. Y, por eso, su pensamiento sigue vivo hoy. Tenemos que equilibrar las exigencias de la razón y profesión, con los sentimientos y la alegría por vivir. Esa filosofía es hoy más necesaria que nunca y Andalucía puede aportarla al mundo. Blas Infante acertaba al reconocer que no somos una parte de Europa más. Somos occidente con mucho oriente en nuestro interior. Sin duda, lo europeo nos ha aportado valores positivos. Pero también, lo andaluz tiene mucho que aportar a la forma europea de estar en el mundo.
No tenemos folklore, tenemos cultura viva. El folklore nos suena a esas tradiciones y expresiones culturales fósiles que las sociedades estudian y cuidan como reliquias del pasado. La mayoría de las regiones europeas conservan su folklore en arcanfol. Llegan las fiestas, lo sacan, y una vez finalizadas vuelven a guardarlo hasta el siguiente año. Es un folklore muerto, que precisa de la custodia de los museos y de los estudiosos para que no desaparezca. Es como una mariposa hermosa clavada en un panel de corcho, para ser exhibida. Nuestras tradiciones están vivas, fluyen, se mestizan, se viven, se mezclan con otros ritmos y formas. Somos tierra manantial. El propio Ortega y Gasset, en su Teoría de Andalucía, reconoce la marcada personalidad de nuestra tierra cuando escribe: “Andalucía, que no ha mostrado nunca pujos ni petulancias de particularismo; que no ha pretendido nunca ser un Estado aparte, es, de todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya”. Cultura que irradia, que no necesita protección oficial como tantos otros folklores muertos.
Y si nuestra cultura e identidad ha soportado siglos de ocultación, con igual tenacidad superará la avalancha global que todo lo homogeniza. La globalización será una prueba de fuego a la propia teoría de Blas Infante, que aseguraba que nuestra cultura fluía subterránea, aflorando siempre como la escritura primera de los palimpsestos. Estamos siendo bombardeados sin piedad por el ocio, los héroes y las modas que los árbitros de la globalidad imponen. ¿Lograremos mantener una identidad propia y viva, o tendremos que recluirla en vitrinas de museos como ya ocurre en otras tierras con menos personalidad? Blas Infante y este su humilde alumno lo tenemos claro. Andalucía y lo andaluz sobrevivirá. No temamos a la apertura de los tiempos. Ojalá sepamos aprovechar lo que de bueno tienen estos vientos que están cambiando al mundo.
4.- FUTURO.
El siglo XX fue duro para Andalucía. Si en 1900 nuestra economía suponía el 25% del total español, en la actualidad apenas alcanza el 13%. Aunque bien es cierto que el nivel de vida, de educación y de sanidad ha subido exponencialmente, también es cierto el que seguimos teniendo la tasa de paro más alta de toda Europa, lo que nos avergüenza y atormenta. Tenemos un marco de autonomía comparable al de las comunidades más avanzadas, pero, después de treinta años de desarrollo apenas si hemos avanzado en la media relativa. En comparación con los demás estamos donde estábamos. Asistimos a la crónica de un fracaso parcial, que no debe dejarnos indiferentes. Ningún ideal andaluz puede ser válido si excluye del empleo a más de un millón de andaluces. Blas Infante denunciaría con toda la fuerza de su voz el hecho de que nuestra tasa de desempleo ascienda a unos niveles vergonzosos para un país del primer mundo. Triplicamos la tasa de paro europea, y duplicamos el de otras muchas zonas españolas. ¿Por qué? No es fácil, desde luego contestarla, pero la respuesta debe estar en nosotros, el pueblo andaluz. No podemos culpar al mundo de nuestra propia situación; debemos preguntarnos qué nos impide volver a florecer como en otro tiempo hicimos. Reivindiquemos con justicia lo que nos corresponde, pero ayudémonos, sobre todo, a nosotros mismos. La solidaridad de los terceros no hará por nosotros la tarea que a nadie más que a nosotros corresponde. Blas Infante siempre se sintió orgulloso del genio y el talento andaluz, original, lúcido, vibrante. Estaba convencido de que si se dejaba fluir, sin cortapisas, volvería a ofrecer los frutos que en el pasado nos otorgaron fama y riqueza.
Blas Infante, que creía en el universalismo humano, abominaba del universalismo político. La perspectiva de un gobierno mundial le inquietaba, y para conjurar sus propios demonios, lo ubicaba irónicamente en el Polo Norte. En estos últimos setenta años, el mundo ha cambiado mucho. Nos hemos hecho globales, dicen, sin que terminemos de ponernos de acuerdo en lo que significa eso de la globalización. Para unos, una pesadilla, y para otros, un natural avance histórico de la humanidad. En la medida que esa globalización signifique extensión de derechos, mejor conocimiento de culturas y respeto mutuo, debemos apoyarla. En la medida que significara alineamiento con los poderes, explotación del débil por el fuerte o esquilmación de los recursos naturales, debemos condenarla sin paliativos. Pero no caigamos en la condena del futuro por la sencilla razón de que lo desconocemos. Nuestro amor a Andalucía no puede basarse en el socorrido “cualquier tiempo pasado fue mejor”, porque ocultaría bajo la melancolía de mundos imposibles nuestra propia incapacidad de entender el presente y construir el futuro. Nos sentimos orgullosos de nuestro pasado, pero aspiramos a mejorarlo, si cabe en el futuro. Ese es el espíritu que hace a los pueblos grandes. Y nuestro progreso debe tener una base cultural y de conocimiento para estar en armonía con los talentos de nuestro pueblo, así como de sagrado respeto a la tierra que nos cría. Nuestro desarrollo debe venir en convivencia con nuestro campo y nuestra naturaleza.
El nuevo discurso andalucista debe contar con el caudal de confianza creativa que Blas Infante reconocía en nuestro pueblo. No podemos quedarnos en el lamento fácil del agravio y la pura reivindicación. ¿Es que acaso tememos al futuro? No debemos enfrentarnos a la globalización con actitudes defensivas, que de nada valdrán a la larga. Debemos otear el nuevo horizonte con la perspectiva del sabio que sabe encontrar oportunidades dónde los demás sólo perciben problemas. Debemos creernos que podemos dar un salto de gigantes. Nada nos lo impide, los tiempos juegan a nuestro favor. Blas Infante tenía una confianza ciega en nuestra capacidad creadora: “Andalucía – afirmaba – no ha copiado, ni copiará jamás, a ningún otro pueblo. No tiene necesidad de copiar. Sabe crear originalmente. No podría copiar, aunque quisiese. La fluencia inevitable de su historia la lleva a volar siempre sobre campos vírgenes”. Don Blas tenía razón. Si es cierto que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, ¿qué nos impide aprovechar la oportunidad que la revolución industrial nos negó?
El discurso de Blas Infante nos otorga confianza en nosotros mismos. Fuimos grandes, ¿por qué no volver a serlo? No podemos resignarnos a nuestro triste papel de palmeros. El futuro lo tenemos en nosotros mismos. Nuestro mundo natural es el de la cultura, la ciencia, el arte y el conocimiento, todo ello aliñado con una determinada forma de ser y estar en el mundo que nos humaniza, según el pensar y el sentir infantiano. En ese resplandor lúcido y generoso encontraremos nuestro venero de futuro. Brillamos en Tartessos, en la Bética, durante Al Ándalus. ¿Por qué no volver a conseguirlo? Depende de nosotros, no podemos delegar nuestro porvenir en los otros. De ahí que debemos ser libres para construir nuestro propio futuro. Y libertad significa responsabilidad. Y esfuerzo. Y asumir riesgos. Y potenciar iniciativas emprendedoras.
No podemos resignarnos. Blas Infante criticó con fiereza a quienes se abstenían de las cuestiones generales anestesiados por los placeres domésticos. Sus duras palabras aún resuenan en nuestros oídos y conciencias: “No son hombres de bien – bramaba – los que se consagran por entero a sus hogares, sus bibliotecas o sus retiros, rehusando o despreciando la lucha por la justicia. Son egoístas que huyen del fango por evitarse la repugnancia o el esfuerzo. Son esa clase cobarde llamada neutra. Hablan de las debilidades de los hombres públicos sin haber contrastado su propia fortaleza y dejan los asuntos públicos a la incapacidad de los peores”. ¡Qué razón tenía! Esa energía debe canalizarse tanto en iniciativas colectivas como en las individuales. Pero además de los esfuerzos culturales, económicos, sociales y políticos, nos hace falta un gran esfuerzo intelectual para postular un nuevo discurso andaluz adaptado a los tiempos y que sin ningún ánimo de carácter exclusivista, sea compartido por una amplia mayoría de la población andaluza. Este discurso, desde la firmeza de nuestro reconocimiento histórico, no debe quedarse en el quejío de la discriminación. Debe entonar el grito de nuestra propia responsabilidad ante los tiempos. Debemos abandonar la fácil actitud de justificar todos nuestros problemas acusando al otro, hasta convencernos de que somos los amos exclusivos de nuestro propio futuro. Seremos lo que queramos ser. Y no podemos encontrar mejores cimientos para el nuevo discurso que el Ideal andaluz de Blas Infante, vivo y vigente para todos nosotros.
Hermanos y hermanas andaluzas. El futuro es nuestro.
Querido Blas Infante, muchas gracias por habernos dado tanto. Tu grito se mantiene incólume en nuestras gargantas. Gritemos ahora todos juntos, con la misma emoción que la de los que nos precedieron, nuestro himno de libertad.
¡Viva Andalucía Libre!
Homenaje a Blas Infante en el antiguo cine Jáuregui

HERMANOS ANDALUCES:
Recordamos aquí una de las mayores infamias de la Historia de Andalucía, el asesinato de un hombre cuyo único anhelo era luchar por Andalucía, de forma pacífica y al que mataron de forma violenta.
La vida de Blas Infante fue una vida en la que el Derecho tuvo un papel muy importante, era abogado y notario, descendiente de una familia de letrados, y en su asesinato de cometieron algunas de las barbaridades jurídicas más grandes. Mataron a Blas Infante vulnerando el Derecho Natural y la Ley.
La sentencia que lo condenó dice literalmente:
La Ley de 9 de Febrero de 1.939, tiene un texto, que da grima leerlo. Empieza así:SEÑORES
PRESIDENTE
Don Rafael Añino Ilzarte
VOCALES
Don Francisco Díaz Plá
Don Francisco Summers é Isern
SENTENCIA
En la ciudad de Sevilla a cuatro de mayo de mil novecientos cuarenta.
Visto por el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas, el expendiente número 214 de su registro, que fue tramitado por el procedimiento anterior a la Ley contra DON BLAS INFANTE PÉREZ, hoy fallecido, que era de 51 años, casado, Notario y vecino de Coria del Río.
RESULTANDO: Que DON BLAS INFANTE PÉREZ formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 en los años sucesivos hasta el 1936 se significó como propagandista para la constitución de un partido andalucista o regionalista andaluz, y según la certificación del folio 46 falleció el 10 de agosto de 1936 a consecuencia de la aplicación del Bando de Guerra. El Sr. Infante dejó cuatro hijos menores y una finca rústica con 138 pesetas 85 céntimos de líquido imponible, donde existe una casa edificada depués con 30.000 pesetas de valor aproximado.
RESULTANDO: Que en la tramitación de este expediente se han observado las formalidades legales.
CONSIDERANDO: Que acreditado en las actuaciones la aplicación al inculpado DON BLAS INFANTE PÉREZ, del Bando de Guerra dictado por la Autoridad Militar de la Región, lo que supone en él una actitud de grave oposición y desobediencia al mando legímito y de las disposiciones del mismo emanadas.
CONSIDERANDO: Que los hechos probados constituyen para Don Blas Infante Pérez, un caso de responsabilidad política de carácter grave previsto en el apartado L) del artº 4º de la Ley de 9 de febrero de 1939, que considera incursos en responsabilidad política y sujetos a la correspondiente sanción a los que se hubieran opuesto de manera activa al Movimiento Nacional.
CONSIDERANDO: Que no procede apreciar circunstancias modificativas de dicha responsabilidad.
Vistos los artículos 8, 10, 12 y 13 de la misma Ley, con los demás de aplicación general.
FALLAMOS
Que debemos condenar y condenamos a Don Blas Infante Pérez, como incurso en un caso de responsabilidad política de carácter grave a la sanción de pago a cantidad de dos mil pesetas, librándose para notificar esta resolución a la Viuda del inculpado, por sí y en representación de sus hijos menores orden al Juez Instructor Provincial de Sevilla.
Juzgándolo así por esta nuestra sentencia, lo pronunciamos, mandamos y firmamos, Rafael Añino.- Francisco Díaz Plá.- F. Summers.- rubricados.-
Es copia para entregar a la interesada.
El Secretario
Esta ley se promulga con la intención de liquidar las culpas políticas contraídas por quienes contribuyeron con actos u omisiones graves a forjar la subversión roja y a entorpecer el triunfo providencial e históricamente ineludible del Movimiento Nacional.
Art. 1
Se declara la responsabilidad política de las personas que contribuyeron a crear o agravar la subversión de todo orden de que se hizo víctima a España y de aquellas que se hayan opuesto o se opongan al Movimiento nacional con actos concretos o con pasividad grave.
¿ Y qué significa esta ley y esta sentencia aplicada a un ciudadano, y más a un abogado?. La ausencia del Derecho.
Dice la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 26 de agosto de 1789
Artículo 8.- La ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y aplicada legalmente.
Ya desde entonces, y como garantía de los ciudadanos, NADIE podía ser condenado por unos hechos que, en el momento de realizarse no fueran delito.
La Constitución de la Segunda República, de 9 de Diciembre de 1.931 dice en su artículo 28
“Sólo se castigarán los hechos declarados punibles por ley anterior a su perpetración. Nadie será juzgado sino por Juez competente y conforme a los trámites legales”
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 10 de Diciembre de 1.948 proclama en su artículo 11
Artículo 11.
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.
2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.
Incluso, curiosamente, el Fuero de los Españoles, de 17 de Julio de 1.945, legislación aprobada por Franco, dice en su artículo 19:
“Nadie podrá ser condenado sino en virtud de Ley anterior al delito, mediante sentencia del Tribunal competente y previa audiencia y defensa del interesado”.
¿ Y qué hemos hecho para reparar esta infamia?
El 25 de Octubre de 2.007, sí, del 2.007, se aprobó por unanimidad en el Parlamento de Andalucía, una proposición no de ley por la que se instaba al Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía para que se tomaran las medidas oportunas para la consecución de la NULIDAD RADICAL de dicha sentencia, Aún no ha hecho nada.
También en el año 2007, el 26 de Diciembre, se aprobó la Ley 52/2007, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, llamada la “Ley de la Memoria Histórica”
Esta ley, en su artículo 3.3 dice literalmente:
Igualmente, se declaran ilegítimas, por vicios de forma y fondo, las condenas y sanciones dictadas por motivos políticos, ideológicos o de creencia por cualesquiera tribunales u órganos penales o administrativos durante la Dictadura contra quienes defendieron la legalidad institucional anterior, pretendieron el restablecimiento de un régimen democrático en España o intentaron vivir conforme a opciones amparadas por derechos y libertades hoy reconocidos por la Constitución.
Una curiosidad, en la Disposición Derogatoria de la Ley de la Memoria Histórica, por fin, se derogó la ley de 1.939 de forma expresa, que hasta entonces no se había hecho.
La sentencia ha sido declarada ilegítima, pero no ha sido declarada nula.
¿Y por qué debe ser nula aparte de ilegítima? Porque la legislación represiva franquista repugna al Derecho Natural de los Hombres, tal y como se concibieron en la Revolución Francesa y la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, e incluso el Derecho Canónico.
El ser humano tiene unos derechos inalienables, y ninguna legislación debe conculcarlos, si lo hace, la normativa es nula, puede que legal, pero nula. Ese es el fundamento de la Justicia internacional, de los procesos de Nüremberg contra el nazismo y de los delitos de Lesa Humanidad que hoy se aplican en el mundo, y cuyas bases ya existían en 1.939.
En consecuencia de todo lo anterior, y pidiendo disculpas a la audiencia por tal farragoso discurso jurídico, la sentencia aún no ha sido declarada nula, y esa es una de nuestras tareas. Que sea la última vez que una persona es asesinada por gritar
¡¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!!
Primera grabación del Himno de Andalucía
La primera grabación del Himno de Andalucía, realizada en la primavera de 1977, con la adaptación de Carlos Cano, Rafael Molina y Paco Luis Miranda. Producido y editado por el PSA actualmente Partido Andalucista. Canta la Coral Heliópolis de Sevilla.
La cifra de parados en Andalucía baja un 0,31% en julio
La caída del desempleo en este mes, que volvió a verse impulsada por el Plan de Inversión Local y por la estacionalidad propia del verano, contrasta con el comportamiento que experimentó el paro en julio de 2008, cuando el desempleo subió en 36.492 personas
Con esta cifra, el número total de desempleados en la Comunidad se sitúa en 785.686 trabajadores. Asimismo, en términos interanuales, el paro aumentó en 196.326 personas, lo que representa un incremento de un 33,31% respecto al mismo mes del año anterior.
España
El desempleo en España bajó en 20.794 personas en julio, el 0,58 por ciento y sitúa la cifra total de desempleados en 3.544.095.
A pesar de los últimos descensos mensuales, en los últimos doce meses el número de desempleados aumentó en 1.117.179 personas, lo que supone una subida del 46,03%, según datos de los Servicios Públicos de Empleo difundidos hoy por el ministerio español de Trabajo e Inmigración.
El paro registrado desciende en servicios en 13.885 (-0,7%), en construcción en 7.292 (-1,1%) y en industria en 6.911 (-1,4%). Sube en agricultura en 650 (0,7%) y en el colectivo sin empleo anterior en 6.644 (2,7%).
Por sexos, el paro masculino se sitúa en 1.769.542, al bajar 13.638 (-0,8 por ciento) y el femenino en 1.774.553 al descender en 7.156 (-0,4 por ciento).
Por lo que respecta a las prestaciones, la nómina de junio ascendió a 2.552 millones de euros, que supone un aumento del 62,9 por ciento respecto al mismo mes del año anterior. Por su parte, los beneficiarios ascienden a 2.600.228, un 54,1 por ciento más respecto al mismo mes del año anterior.
En cuanto a la contratación, en julio se han firmado 1.403.023 contratos, que supone un descenso de 223.443 (-13,74%) respecto al mismo mes en 2008.
Concentración en Homenaje a Blas Infante en el 73º Aniversario
- El próximo día 9 de Agosto, con motivo del 73º Aniversario de su asesinato, tendrá lugar la Concentración en Homenaje a Blas Infante a las 11:30 de la mañana. El acto tendrá lugar en la ciudad de Sevilla, concretamente en la Plaza Fray Jerónimo de Córdoba
“Seguiremos aspirando a la elaboración de un Estado Libre Andaluz”
Blas Infante
Manifiesto:
En la madrugada del 11 de agosto de 1936, Blas Infante Pérez, Padre de la Patria Andaluza, fue asesinado en el Km. 4 de la Carretera de Sevilla a Carmona, tras ser sacado de la cárcel improvisada en el Cine Jáuregui. Matándolo, los golpistas pretendían acabar con la propagación del ideal de un Pueblo Andaluz libre; dueño de sí, su destino y su Nación.
Quien oculta nuestra Historia y nuestra identidad, manteniéndonos maniatados en la ignorancia: el españolismo, se ha apropiado de su figura, su obra y su ideario para ocultarlos y tergiversarlos, al extremo de hacerlos aparecer como compatibles con el estado de negación y dependencia en el que nos mantiene el estado constituido. Los reconocimientos oficiales que le han otorgado, son meramente aparentes, pues no conllevan coherencia con su obra ni su pensamiento. Designarlo Padre de la Patria para, a continuación, manipular su propia idea de esa Patria, resume la auténtica pretensión: seguirle asesinando. Manteniendo silenciados su vida y sus ideales, se actúa con la misma intencionalidad de aquellos que, además de matarlo, dictaron, años después, una ignominiosa sentencia, aún vigente. Eliminando al hombre y falseando su ideario, tratan de perpetuar el letargo de nuestra conciencia e impedir la lucha por nuestros derechos.
Hoy, como entonces, Andalucía sigue sin ser reconocida como Nación ni los andaluces como Pueblo, careciendo de libertad colectiva, el derecho inherente a nuestra Soberanía: la capacidad de acción y elección, en exclusividad, sobre nosotros y nuestra tierra. Y mientras no podamos ser, hacer y decidir, por nosotros mismos, con respecto a nosotros y nuestra Patria, no habrá una Andalucía libre. La lucha por nuestra libertad, no es una cuestión sólo de principios, sino una reivindicación práctica e incuestionable. Al no ser nuestros propios dueños, somos un Pueblo al arbitrio de las decisiones que otros tomen por nosotros; esa es la razón de que ocupemos los últimos puestos en todas las estadísticas socioeconómicas estatales y europeas. Alcanzar nuestro reconocimiento como Nación y nuestra libertad colectiva como Pueblo, es un paso imprescindible para lograr objetivos profundamente transformadores de nuestra realidad nacional y social.
El mensaje de Blas Infante, que conformó la razón de su existencia y la causa de su asesinato, el “volver a ser lo que fuimos”, andaluces y libres, no sólo mantiene plena vigencia, sino que constituye la meta del Nacionalismo Andaluz. Por eso, como él dijo: “seguiremos aspirando a la elaboración de un Estado Libre Andaluz”.
